Historias de la realidad o la realidad de las historias

lunes, 6 de febrero de 2017

El euro cuestionado


Joseph E. Stiglitz en su más reciente libro El Euro: Cómo la moneda común amenaza el futuro de Europa, nos muestra una vez más cómo las políticas inspiradas en la ideología más que en la evidencia son tan nocivas como inapropiadas.  En el caso de la eurozona, la integración económica con base en una moneda común se planteó prematuramente, sin establecer una serie de instituciones que permitieran que una región con la diversidad que tiene Europa funcionara eficazmente con una sola moneda. El proyecto de integración política, que también se buscaba, nunca se hizo realidad. La divergencia entre los países es cada vez más grande  y particularmente desde la crisis financiera de 2008, agravada con la del euro en 2010, los países del Sur de Europa cada vez están más estancados mientras que Alemania se hace cada vez más rica en comparación con otros países de la zona pero a costa de una gran desigualdad interna.

La moneda única implicaba un tipo de cambio fijo  y un tipo de interés único, para países con diversas particularidades  y grados de desarrollo. Inicialmente hubo convergencia y el dinero fluyó a los países de la periferia como Grecia, España, Portugal e Irlanda pero cuando llegó la crisis, que obró como detonante,  los capitales y el crédito los abandonaron. Se culpó a las víctimas, a  sus abultados déficits y a la corrupción pero la realidad es  que las políticas de la eurozona impidieron la adaptación a las conmociones de la crisis financiera mundial.

No se podían tomar políticas discrecionales basadas en la tasa de cambio o la tasa de interés , en su defecto se impusieron las  devaluaciones internas competitivas, o sea bajar los precios del país en  relación con el resto, mediante  políticas de austeridad. La caída de los salarios y precios, no condujo a un crecimiento de las exportaciones pero sí a una reducción del PIB y el estancamiento económico se entronizó en la eurozona. En cuanto al exceso de deuda de los países endeudados en euros, no había control sobre la impresión sobre la moneda y algunos países de la eurozona se volvieron prestatarios de otros, especialmente Alemania que tenía el dinero.

Alemania presenta ahora un  superávit comercial enorme: más grande que el de China como porcentaje del PIB, lo cual es un problema porque se refleja como déficit en el resto de países de la eurozona, contribuyendo a una crisis de la demanda en toda la zona.

Como dice Stiglitz, “la eurozona era un edificio hermoso levantado sobre unos cimientos muy débiles”, las virulentas grietas se hicieron evidentes después de la crisis de 2008. El libre flujo de capitales hizo que se creyera que no había riesgos y primero el flujo llegó a los países periféricos, se crearon burbujas inmobiliarias  (España e Irlanda) y crearon déficits públicos en (Grecia)  e inflación, luego este dinero abandonó a los países débiles hacia los países fuertes.

La fuga de capitales y la migración laboral  se convirtieron en fuentes de divergencia.  Bajo la libre circulación de trabajadores y de capital, los países compiten por atraer los capitales y los trabajadores más calificados, rebajando los impuestos lo que agravó la divergencia entre países. Es indudable que la eurozona ha impuesto más armonización de la necesaria lo cual ha molestado especialmente a los británicos. Se prohibieron las políticas de fomento industrial que hubieran permitido a los países más atrasados converger.

La troika y la crisis


A los problemas de la estructura de la eurozona se han sumado las políticas impuestas a los países más afectados tras la crisis por la troika conformada por el Fondo Monetario Internacional, FMI,  el Banco Central Europeo, BCE, y la Comisión Europea.  Europa se equivocó imponiendo la austeridad y unos recortes excesivos al gasto público que solo ahondaron la crisis.

El BCE, la principal institución bancaria, se centró, por motivos ideológicos característicos  de la ortodoxia neoliberal en la estrecha lucha contra la inflación, olvidándose de la responsabilidad democrática.  Cuando sobrevino la crisis, no existía en la eurozona un sistema bancario que garantizara  el rescate de las entidades con problemas ni un fondo especial para la estabilización. “El ejemplo más radical lo vimos cuando el banco decidió no ejercer como prestamista de última instancia para Grecia en el verano de 2015. Mientras Grecia negociaba con la troika, los bancos del país se vieron obligados a cerrar sus puertas y entre bastidores el BCE amenazaba con imponer aún más costes al país si no aplicaba con cumplir con las demandas de la troika”.


Las alternativas


Stiglitz no solamente analiza la crisis del euro, es propositivo y plantea un mundo alternativo: darle la oportunidad al euro de salir adelante lo cual implica unos cambios estructurales para lograr la convergencia entre países o un divorcio amistoso, o sea la salida de unos cuantos países de la eurozona, quizás con la división de la eurozona en dos o más áreas con sus respectivas monedas.

El libro explica con detalle el tipo de reformas que se necesitarían para uno u otro caso.  Para que la eurozona funcione se requieren de varias reformas estructurales: Primero, un sistema financiero común.  Segundo, la mutualización de la deuda.  Tercero, un marco común para la estabilidad que consta de seis partes: 1. Reforma a los criterios de convergencia de Maastrich, 2. Un fondo solidario europeo de estabilización, 3. Implantar estabilizadores progresivos automáticos. 4. Una política monetaria más flexible, 5. Regulaciones a los mercados y 6. Unas políticas anticíclicas más activas.  Cuarto, una verdadera política de convergencia, o hacia una realineación estructural (Desalentar los superávits, la ampliación salarial y las políticas fiscales en los países con superávit,  revertir el resto de políticas divergentes). Quinto, una estructura de la eurozona que fomente el pleno empleo y el crecimiento en toda Europa (la macroeconomía). Sexto,  reformas para garantizar el pleno empleo y el crecimiento en toda Europa (Un sistema financiero que sirva a toda la sociedad, una reforma ala gobernanza corporativa, un supercapítulo 11 para las quiebras, promover las inversiones medio ambientales).  Y Séptimo, un compromiso por la prosperidad común.

Igualmente plantea una serie de reformas  en las políticas anticrisis y algunas medidas para un divorcio amistoso comenzando por un nuevos sistema monetario más acorde a  las exigencias del siglo XXI.


El Brexit


Aunque Gran Bretaña nunca aceptó el Euro como moneda única considera que el Brexit es expresión de las fallas de la eurozona como proyecto de integración y señala que el Reino Unido, en parte, se ha visto atrapado en el mismo torbellino que ha golpeado a Estados Unidos: los ciudadanos de a pie de ambas orillas se han hartado, grandes sectores de la población la están pasando mal pues la agenda neoliberal de los últimos 30 años solo ha beneficiado al 1%, pero no al resto.

El centro izquierda del Reino Unido se dejó cooptar y abrazó la agenda neoliberal e impuso la austeridad por su cuenta. La extrema derecha, por su parte, se ha centrado en el tema de la inmigración y el comercio como fuentes de la crisis, y en parte tienen razón. Los tratados comerciales se han negociado en secreto, teniendo en cuenta los intereses empresariales y no los de los ciudadanos del común. Como en el caso del comercio los defensores de la liberalización de las migraciones sobrevaloraron  los beneficios y subestimaron los efectos distributivos y sus consecuencias. Desde mediados de 2015,  la atención se trasladó de la crisis del euro a la de los inmigrantes, los miles de refugiados provenientes de países desgarrados por las guerras de Oriente Próximo. Europa ha gestionado mal esta crisis y nunca logró un sistema equitativo para repartir la carga.

La solución está ahí, pero se requier de una decisión política.  Se necesita más Europa o menos Europa. La crisis del Euro no ha terminado, por lo pronto una mayor integración económica no ha conllevado ni ha un mayor bienestar ni a una mayor integración política. De todas maneras el status quo es insostenible.  La eurozona es la unión de 19 países muy diferentes. Los costes de la disolución pueden ser altos pero el coste de permanecer juntos pueden ser aún mayores, concluye Stiglitz.  



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