Historias de la realidad o la realidad de las historias

martes, 7 de abril de 2020

Reflexiones sobre la pandemia del coronavirus y la globalización




Elizabeth Beaufort

Quiero compartirles algunas reflexiones sobre la enorme crisis mundial suscitada por la pandemia del coronavirus, cuya magnitud ha sido descrita y reconocida por mandatarios de diversos países, líderes políticos de distinto signo ideológico y filósofos, como global y sin precedentes, advirtiendo que el mundo nunca volverá a ser igual. Llama la atención el pronunciamiento del ex secretario de Estado norteamericano Henry Kissinger en  The Wall Street Journal difundido por Infobae donde advierte: “Los Estados Unidos deben proteger a sus ciudadanos y, con urgencia, trabajar en la planificación de una nueva época” y agregó “El desafío para los líderes es manejar la crisis mientras se construye el futuro. El fracaso podría incendiar el mundo”, aboga por la defensa de los valores de la Ilustración y por la salvaguarda de los principios del orden mundial liberal. El debate sobre si habrá o no un cambio sustancial en el orden mundial y en el modelo económico imperante está abierto.

El neoliberalismo como trasfondo de la crisis

 

La crisis del coronavirus con sus enormes costos humanos y económicos está directamente relacionada con la gran irresponsabilidad de 40 años de neoliberalismo, que ha dejado incluso a los países desarrollados inermes y sin los recursos necesarios para afrontar un evento  que fue advertido por los expertos con mucha anterioridad, como lo señala Ed Yong en su artículo del Atlantic How the Pandemic will End” .

Adicionalmente, estamos ad portas de una gran crisis financiera -también económica, política y social- que se anunció mucho antes de la crisis del coronavirus, con consecuencias incalculables para el futuro de la humanidad. Estamos ante una “tormenta perfecta” como asegura el profesor emérito canadiense Manfred Bienefeld en un E-mail que me envió con algunas apreciaciones sobre la situación. La preocupación hoy no es si habrá recesión mundial o no, pues ya fue declarada oficialmente por el FMI, sino cómo evitar el colapso total.

La crisis se ha evidenciado con mayor rigor en las economías avanzadas y el impacto sobre las economías emergentes y en desarrollo apenas comienza a revelarse. Hay buenas razones para creer que en estos países la pandemia será mucho más perjudicial. Cuando la gente vive al día, sin mecanismos adecuados de protección social, la pérdida de ingresos puede convertirse en hambre, además de que sus sistemas de salud son aún más débiles que las de los países desarrollados. Los más avanzados tienen además su crecimiento supeditado a las exportaciones, que se hundirán a la par de la contracción de la economía global. Naturalmente, los flujos globales de inversión también se están derrumbando, lo mismo que los precios de los productos primarios, lo que permite prever un futuro complicado para los países exportadores de recursos naturales.

Las pandemias son una amenaza  real y hay que estar preparados


Una primera lección aprendida es que las epidemias son una amenaza real y estar preparados es una necesidad prioritaria para el futuro de la humanidad. La estabilidad, eficiencia, capacidad y costes de los sistemas actuales de atención de salud serán un asunto prominente.  No obstante, podemos superar la covid-19 y estar preparados y aún así podría sobrevenir otra pandemia  aún más infecciosa y letal y no poder contenerla a pesar de los preparativos.

La covid-19 ya no la podemos contener y ahora dependemos de que el aislamiento social y el confinamiento funcionen sin saber con certeza cuanto durará la pandemia pues el coronavirus  ha tenido diversos “ritmos” y “tiempos” de propagación y el propósito de “aplanar la curva” no se logrará al mismo tiempo en todas las latitudes. Una vez contengamos el contagio exponencial dependeremos  de que podamos hacer tests, aislamientos -generales y focalizados-, más tests y más seguimiento. Desafortunadamente, es claro a hoy  que el tsunami será enorme y muy costoso con consecuencias incalculables para el futuro.  

“La pandemia de covid19 es un problema global que demanda una solución global”, dice Joseph Stiglitz y advierte “Esperemos que la comunidad internacional decida finalmente hacer frente a la realidad”. Aunque la cooperación es del interés de todos, la intensificación del nacionalismo, un liderazgo político debilitado, la creciente tensión entre las dos más grandes economías -China y Estados Unidos- hacen que una acción internacional efectiva se vea bastante difícil.  La erosión de la Unión Europea, la organización internacional con mayor estabilidad de los últimos tiempos, no es sino reflejo de la crisis de este tipo de instituciones, acentuado por el coronavirus. Habrá un gran debate en los próximos meses sobre cuál será la tabla de salvación, si la cooperación o el aislamiento.

Es un hecho que China, Rusia y Cuba están en la vanguardia de la solidaridad internacional en torno al coronavirus. China ya envió a 89 países los materiales más necesarios para enfrentar al coronavirus y Cuba ha enviado a sus médicos a salvar vidas, es decir, los países menos ortodoxos son los que están superando mejor la crisis y los que mayor solidaridad internacional han ofrecido.  Hay que reconocer  -y admirar- las increíbles maneras como han resuelto la crisis China, Sur Corea, Taiwan  y la población italiana de Vo en contraste con los titubeos y malos manejos de Trump, reflejados en un conteo de contagios y muertes alarmante.  


Superar el neoliberalismo para poder vencer las pandemias

La segunda lección, según Manfred Bienefeld, es que al menos  que modifiquemos sustancialmente el sistema económico dominante, es decir, la ortodoxia neoliberal, orientada hacia las ganancias especulativas y el interés privado, la primera lección será erosionada, como ha ocurrido siempre en el pasado, es decir, será imposible afrontar las epidemias.

Ahora todos somos keynesianos, las políticas económicas que se están ensayando las había enterrado la globalización neoliberal.  En el corto plazo, los países más afectados por la pandemia se convertirán en economías de crisis: los gobiernos están proyectando enormes niveles de gasto y tomando otras medidas no convencionales para evitar un colapso total. Queda por verse la efectividad de tales medidas, pero es evidente que la relación entre la economía y el Estado sufrirán un cambio.

El profesor de economía política de Harvard, Dani Rodrik, no alienta muchas esperanzas de cambio:

“En resumen, el COVID-19 tal vez no altere –y mucho menos revierta- las tendencias evidentes antes de la crisis. El neoliberalismo seguirá su muerte lenta. Los autócratas populistas se volverán aún más autoritarios. La hiperglobalización continuará a la defensiva mientras los estados-nación reclaman espacio para implementar políticas. China y Estados Unidos se mantendrán en su curso de colisión. Y la batalla dentro de los estados-nación entre oligarcas, populistas autoritarios e internacionalistas liberales se intensificará, mientras la izquierda lucha por diseñar un programa que apele a una mayoría de votantes”.  

Para Manfred Bienefeld, tampoco es claro que el escenario internacional se modifique sustancialmente y advierte que es posible que la pandemia profundice la polarización ideológica en los Estados Unidos, bajo un “estado de seguridad” listo a acusar a otros por el desastre y dispuestos a utilizar su poderío militar para promover “El nuevo siglo estadounidense”. Tengan en cuenta los recientes eventos en Irak, Libia, Siria, Afganistán, Palestina/Gaza  y las sanciones económicas a Venezuela e Irak en medio de la pandemia.   Antonio Caballero advierte en la edición de Semana de abril 5, que “Con pandemia o sin pandemia la política exterior de Estados Unidos sigue siendo la misma: intervenciones y guerras”.  Adicionalmente, también se corre el riesgo de que el miedo y el hambre alimenten movimientos populistas y nacionalistas y que, como pasó después de la Gran Depresión de 1929, desemboquen en Estados fascistas. Es decir, todo podrá empeorar antes de comenzar a mejorar.

Tenemos una responsabilidad frente a la evolución: nuestros actos tienen un impacto decisivo en  la clase de futuro que evolucionará en este planeta

A pesar de lo dicho anteriormente, la crisis actual podría llegar a ser  una oportunidad de reordenar las prioridades de nuestra sociedad y de crear un modelo económico alternativo,  uno que no se base en la maximización de las ganancias corporativas  para distribuir los recursos económicos y sociales de la sociedad. Obviamente, una cosa es plantearlo, y otra es hacerlo. Bienefeld advierte que si la tarea en tiempos normales es monumental,  en tiempos de profunda crisis, cuando la gente está desorientada y agobiada por la pandemia, cuando la situación económica de todos los actores es incierta y vulnerable, cuando las deudas  se acumulan monumentalmente y los especuladores están aún más al acecho, es  todavía más difícil.

No obstante, los límites de lo que es políticamente  posible cambia con circunstancias cambiantes, como se ha demostrado históricamente: grandes cambios en el pensamiento humano se han dado luego de prolongadas crisis, cuando unos pocos o a veces muchos, en medio de la entropía que engulle a la sociedad,  anhela claridad y orden. Y es cuando un nuevo conjunto de ideas surge para liderar el caos, perdurando por algún tiempo, pues ninguna ideología es impune a la explotación y a tornarse  rígida y contraproducente.

Muchas visiones  han florecido tras profundas crisis como lo documenta Mihaly Csikszentmihalyi en su libro El Yo Evolutivo: una psicología para un mundo globalizado. El confucianismo nació y se difundió cuando la sociedad china estaba fragmentada para  luego convertirse en el principio rector de la vida pública;  el islamismo surge en Arabia como respuesta al caos espiritual y el Corán de Mahoma se convirtió en el conjunto de normas que ordenaba la vida; la respuesta jesuita a  la crisis del catolicismo en el siglo XVI; la ética protestante que en su momento se convirtió en la base del espíritu emprendedor capitalista; el socialismo y luego el comunismo, al menos en sus  inicios, también descubrieron una manera de ver y de transformar el capitalismo, cuando de una emocionante aventura se convirtió en “jaula de hierro”. Csikszentmihalyi concluye su obra diciendo : 

“Y aunque  nada fuese a cambiar en el transcurso de nuestra vida, aunque cada vez fuesen más las señales que anunciasen una nueva era oscura, aunque el caos y la apatía aumentasen, quienes apuesten por el futuro no quedarán decepcionados. (…) Ignorar esta responsabilidad nos deja a merced del azar indiferente o, lo que es incluso peor, de los parásitos explotadores de diverso pelaje”.


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