Es por todos sabido que el FMI es el odioso gendarme que
hace cumplir la receta neoliberal sin importar su costo: ha impuesto sin ningún
miramiento programas de austeridad a los países deudores y promovido el libre
flujo de capitales por doquier. Ahora se pregunta, en un paper de junio
de 2016 publicado por el Departamento de Investigaciones,
si el neoliberalismo no se sobre vendió, especialmente en estos dos importantes
aspectos.
Obviamente que la mea
culpa del FMI no incluye todo
el paquete neoliberal, pues siguen pensando que de todas maneras las reformas
de libre mercado y la reducción
del Estado fueron ideas buenas.
Los tres autores: Jonathan D. Ostry, Prakash Loungani, y Davide Furceri sostienen que tanto la remoción
de restricciones a los movimiento de capitales entre países o la llamada
liberalización de la cuenta de capitales como la consolidación fiscal, mejor
conocida como “austeridad”, no han
arrojado los resultados esperados. En primer lugar, en cuanto al crecimiento
sostenido los beneficios obtenidos son dudosos cuando se examina un grupo
amplio de países y los costos en términos de una mayor desigualdad han sido
altos. El aumento en la desigualdad afecta el nivel de sostenibilidad del
crecimiento y aunque esta fuera el único propósito de la agenda neoliberal, sus
defensores tienen que ponerle atención a sus efectos en la distribución del
ingreso.
En efecto, la relación entre mayores flujos de capital y
crecimiento es dudosa. Todo depende. Hay flujos de capital como lo especulativos
de corto plazo que no traen nada bueno. Los estudios demuestran que se han
producido unos 150 aumentos repentinos de flujos de capital en unos 50 países
emergentes desde 1980, cuando comenzó la liberalización, y en un 20% de los
casos han terminado en crisis financieras. Tan es así, que muchos líderes del
mundo aceptan cada vez más los controles de capital para frenar los flujos
especulativos de corto plazo que pueden causar estas crisis.
Reducir el tamaño del Estado mediante la privatización de
algunas de sus funciones o recortando el gasto público y el tamaño del déficit
fiscal, es el otro aspecto crucial de la agenda neoliberal. Hay muchos ejemplos de ello como el
límite de la deuda del 60% del PIB
exigido como requisito para que un país pueda acceder a la euro zona (criterio
de Maastricht). Pero los autores se preguntan si este tipo de reglas se
justifican en países con amplia solvencia económica. Y yo agregaría que para
los no tan solventes también.
Es más, tanto la apertura como la austeridad están asociadas
con un incremento en la desigualdad del ingreso y este efecto en la
distribución dispara una curva adversa de retroalimentación, al punto que puede
frenar el crecimiento mismo.
Irónicamente, los autores dicen que ante semejantes resultados,
el FMI ha estado al frente “reconsiderando” las políticas neoliberales en
particular la liberalización financiera y la drástica austeridad, y menciona
algunas declaraciones hechas por voceros del Fondo en años recientes.
También replantean el emblemático caso de Chile ya no como el mayor
éxito del paradigma neoliberal sino como dice Joseph Stiglitz “un ejemplo de un
éxito que combina los mercados con una apropiada regulación”. Anota Stiglitz
que en los primeros años de su transición hacia el neoliberalismo, Chile impuso
controles sobre los flujos de capital, para que no la inundaran, lo que sugiere
que ninguna agenda rígida arroja buenos resultados para todos los países en
todos los tiempos. Concluyen diciendo que los líderes y las instituciones como
el FMI que los asesoran, deben guiarse no por la fe sino por la evidencia de lo
que ha funcionado.
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