Historias de la realidad o la realidad de las historias

lunes, 22 de abril de 2024

Presentación del libro Transición Energética.Necesidad, Negocio y Utopía


 

El libro, Transición Energética, necesidad, negocio y utopía de Aurelio Suárez y Juan Antonio Escobar, consta de tres capítulos, bajo un esquema de preguntas y respuestas: el primero, sobre la necesidad, hace un diagnóstico sobre la crisis climática  y todas sus expresiones como el incremento de los gases de efecto invernadero y los daños que causa a la humanidad y al planeta. El segundo,  sobre el negocio, ilustra cómo dicha transición, con base  en las nuevas economías verdes o limpias, está permeada por el capital financiero (unión del capital bancario con el industrial) y el tercero,  sobre la  utopía, se centra en los obstáculos políticos, económicos y tecnológicos que impiden que las metas propuestas por el Acuerdo de París de 2015 se cumplan a cabalidad.  

La desigualdad en la transición energética 


La desigualdad entre las naciones y las poblaciones frente a la crisis  climática,  en sus causas, sus efectos  y  posibles soluciones,   es una preocupación y un concepto implícito en los tres capítulos.  
 
El Acuerdo de París de 2015 - hay un antes y un después del Acuerdo de París-   planteó unas metas a 159 naciones que lo ratificaron para cambiar el mundo de hoy, cuya energía depende del petróleo, el gas natural y el carbón en un 80%, hacia un mundo que opere cada vez más  con recursos renovables, como la energía solar y la eólica, los preferidos para descarbonizar la electricidad.  
 
No todos los países contaminan por igual, lo hacen más China, Estados Unidos y los  7 países más desarrollados del G20, con un 55% del total mundial de emisiones de gases de efecto invernadero, que los países subdesarrollados. Estados Unidos contribuye con 13.50% de las emisiones de CO2, Colombia con un 0,53%, no obstante, su emisión de metano y óxido nitroso, por la actividad agropecuaria, está por encima del promedio mundial. Los daños ambientales de la crisis climática afectan mayormente a los países tropicales tales como Puerto Rico, Myanmar, Haiti, Filipinas, principalmente con eventos climáticos extremos, elevación del nivel del mar, menor disponibilidad del agua, desertificación, deforestación, desplazados climáticos, pérdida de selva tropical,  como en el caso de Colombia,  donde la temperatura media en el último medio siglo ha aumentado 0,3ºC y la de la tierra 1,2º C desde finales del S. XIX.     
 
De allí que los autores sostengan que “Equiparar las responsabilidades entres países no es justo”.  Esto lo corrobora Daniel Yergin, autoridad mundial en energía, política internacional y economía, cuando dice: “La transición energética significa distintas cosas para naciones distintas especialmente en el mundo en desarrollo. Mil millones de personas en el mundo no tienen acceso a la electricidad y tres mil millones no tienen acceso a combustibles limpios para cocinar, (…) poniendo en riesgo su salud.” (The New Map: Energy, Climate and clash of Nations, 2020) Por eso las tareas de mitigación y adaptación del cambio climático no pueden ser las mismas para Alemania o Los País Bajos, que para  un país como Colombia. La prioridad colombiana es la adaptación, como afirma el exministro Manuel Rodríguez, entendida como el manejo sostenible de los ecosistemas naturales y no la mitigación. Como dice Aurelio para Colombia: “No está claro el camino hacia un balance económico sin explotación ni exportación de petróleo, gas y carbón”. P.51
 
Y, así como los combustibles fósiles trazaron un mapa y unos conflictos,  asímismo, la nueva industria de los carros eléctricos - un negocio de 289 mil millones en 2022-, y la de los paneles solares y la eólica, están determinanado un nuevo mapa geopolítico, nuevas tensiones y conflictos, muchos impredecibles, en un contexto social y político específico, a saber:  “El proyecto económico global, frente a la crisis climática, se desarrolla en una economía mundial en la que predomina el capital financiero especulativo-rentista, en ciclos inestables de crecimiento del producto y con una tendencia a decrecer en la tasa de ganancia”. P. 72 
 
El costo de la transición energética es muy alto y el 90 por ciento del financiamiento climático se destina a acciones de mitigación, léase automóviles eléctricos, energía solar y eólica que brindan mejores retornos financieros;  P. 74 en un intento por reanimar y dar nuevo impulso a la economía mundial. Aseguran que:  “se está transitando hacia un modelo de privatización energética de grandes proporciones”. P. 201. 
 
El libro muestra la inversión de los principales fondos de inversión financiera en las compañías de negocios verdes y los mercados de carbono, creados en 2005 por el Protocolo de Kioto, y siembra un manto de duda sobre éstos, con base en una investigación hecha por The Guardian. En el caso colombiano,  analiza  los parques solares de Ecopetrol, los eólicos en la Guajira y la producción y exportación de hidrógeno verde, una energía limpia con base en el agua y el viento, todo lo cual está manejado por compañías extranjeras.   
 
Colombia cuenta con Un Plan Energético Nacional y un Plan Nacional de Negocios Verdes ambos de 2020. Los negocios se enmarcan en la globalización financiera y las tendencias mundiales tales como hidrógeno verde o azul, bioenergía, ganadería sostenible, reciclaje, turismo de naturaleza, economía forestal, entre otros, los cuales  cuentan con beneficios tributarios.  

 ¿Es el  fin del petróleo? 


¿Se podrá cumplir con la meta principal del Acuerdo de París, de reducir la temperatura media mundial por debajo de los 2ºC mediante la reducción de emisiones de CO2 en 45% antes del 2030 respecto a las de 2010, hasta lograr la neutralidad de carbono en 2050?
 
La respuesta que dan los autores es bastante pesimista. Citan al científico checo-canadiense y experto en estos temas Vaclav Smil, quien prevé que los combustibles fósiles representarán el 56% de la demanda de energía primaria mundial en 2040. Y en el Informe sobre la Brecha de Emisiones de 2021 de la ONU, de los 9 países estudiados, ninguno presenta una trayectoria acelerada hacia el cero neto de emisiones. 
 
Me llamó la atención también una gráfica que muestra como “en 2015 eran mayores las inversiones en los combustibles fósiles, entre 2016 y 2018 se equipararon con las de  energía limpia y de 2019 en adelante las de transición energética empezaron a crecer por encima, tanto que en 2023 la diferencia a su favor se calcula en casi 700 mil millones de dólares”. P. 80 A  lo anterior  se suma el hecho de que se han producido grandes descensos sostenidos en los costos unitarios de la energía solar, eólica y baterías de litio entre 2010 y 2019.P. 58
 
Los autores estiman que el pico de la producción de petróleo puede llegar hacia 2040. Daniel Yergin (The New Map,2020, P. 418.) plantea que los 100 millones de barriles de consumo diario, antes de la pandemia, serán unos 113 millones en 2050. Ciertamente, no será el fin del petróleo. Y aún si las políticas climáticas se vuelven más agresivas, el consumo caerá a unos 60 a 80 millones de barriles por día. Y luego de llegado al pico máximo, advierte que el declive no será abrupto sino gradual.  En contraste, la demanda de gas natural será 60% más alta en 2050 de la de hoy. Así como  las predicciones pesimistas de Malthus y Ricardo no se cumplieron, así parece que habrá petróleo para rato, pero ¿cuál  será la rentabilidad del negocio en el futuro?
 
Desde la crisis energética de 1970, se creyó que Estados Unidos se había vuelto vulnerable por su dependencia de las importaciones de petróleo y gas. Hoy es el principal productor y exportador de ambos, seguido de Rusia y Arabia Saudita. El gas y el petróleo de esquisto constituyen,  según Daniel Yergin, la innovación energética del siglo XXI. La energía solar -líder de la economía limpia-,  y la del viento fueron ambas innovaciones de los setentas y ochentas, respectivamente,  pero sólo se hicieron realidad hace una década. 
 
Ben Bernanke, exdirector de la Reserva Federal,  describió en 2014  la revolución del esquisto (léase fracking), -ya en declive- “Como el desarrollo más beneficioso en la economía americana desde la crisis financiera de 2008-2009”. Tan es así que la inversión en petróleo y gas, luego de la gran recesión, representó dos terceras partes de la inversión neta industrial de Estados Unidos, creó 12.3 millones de empleos, hasta se habla de un “renacer manufacturero”, todo lo cual mejora dramáticamente la posición competitiva de Estados Unidos en la economía mundial, asegura  Yergin. Otra innovación clave ha sido la del Gas Natural Licuado, del cual se ha beneficiado principalmente Qatar.  
 
Aurelio y Juan Antonio señalan que dentro de las limitaciones de la energía solar y la eólica están su intermitencia y su naturaleza difusa. Tanto para la tecnología verde, como para  la electrónica moderna, los muy escasos metales raros, son esenciales por sus extraordinarias propiedades. Su extracción, sin embargo, es un proceso complicado que utiliza mucha agua y altamente contaminante. Tanto en China, donde  se concentra la mayor parte de las reservas conocidas de tierras raras, como en otros países subdesarrollados, como la República Democrática del Congo poseedora del 65% del cobalto, caso que ilustra el libro, la explotación se hace en condiciones onerosas para la población. (Véase el libro de Guillaum Pitron: La guerra de los metales raros. La cara oculta de la transición energética y digital, 2019). 
 
En cuanto al futuro: ni catastrofismo, ni Edén energético; ni crecimiento cero, ni fin del mundo sin la transición energética, aseguran los autores.  

Economía abierta, democracia, justicia social y ambiental, nuevos indicadores


El mundo económico no es un universo cerrado y autónomo, ni está gobernado por leyes desconectadas de la vida social y biológica. La economía es abierta e interdependiente por lo que hay que pensar  en ella en términos de desarrollo humano. 
 
El Informe Brundtland de las Naciones Unidas de 1987 definió el desarrollo sostenible como uno que responde a una exigencia de justicia en el presente y también en el futuro. El vínculo entre la democracia y la ecología es sencillamente esencial. Según Amartya Sen, la democracia tiene por ejemplo un papel protector contra los efectos de las catástrofes naturales: nunca hay hambruna en un país que respete las reglas democráticas y el multipartidismo, añade Éloi Laurent y Jean -Paul Fitoussi (La Nueva Ecología Política. Economía y Desarrollo Humano, 2011, P. 87). Así, la solución del problema ecológico no exige el fin del crecimiento y de los niveles de vida sino la disminución de las desigualdades. P. 96. 
 
William Norhaus y James Tobin sugirieron por primera vez, a principios de los setentas,  que la estrecha visión del crecimiento  como simple crecimiento del Producto Interno Bruto, PIB,  había quedado obsoleto.  El enfoque unilateral centrado en el crecimiento no nos deja resolver los dos grandes retos del siglo XXI: la degradación ambiental y el aumento de la desigualdad. El mismo Simon Kuznets en 1934, cuando planteó el PIB, aclaró: “Las metas del crecimiento deberían especificar ‘más crecimiento de qué y para qué’. Más de 8 décadas después podríamos precisar esta advertencia: “más crecimiento de qué y para quiénes”, y más aún cuando tenemos tan apremiantes problemas políticos y despiadadas guerras.
 
En 1990 nacieron tres indicadores: El Índice de Desarrollo Humano, cuyos parámetros son la esperanza de vida, la educación y el ingreso,  el  género - que agrega las desigualdades entre hombres y mujeres-  y el Índice de Pobreza Humana, que no mide la pobreza de forma monetaria. Éloi Laurent en su libro, Measuring Tomorrow, resilience and sustainability in the XXI century, 2017, plantea tres indicadores fundamentales para una democracia: bienestar, que tiene que ver con el desarrollo humano; resiliencia, relacionado con la resistencia a los shocks y crisis y, sustentabilidad, o la preocupación por  el futuro. Mejorar la reflexión y los instrumentos que miden el desarrollo es una tarea necesaria y urgente para construir una nueva ecología política.  
 
En conclusión, estamos ante  un libro que hace grandes aportes analíticos, imprescindible para entender la transición energética porque aterriza el debate sobre la crisis climática y sus soluciones en la realidad mundial y nacional, en un momento de álgido debate sobre el tema en el país. Fue un verdadero honor presentar este libro en compañía del exministro Manuel Rodríguez Becerra. 
 
 

sábado, 12 de febrero de 2022

La parálisis en el comercio y la producción: corto circuito o colapso del capitalismo global



La promoción sin medida de los  intercambios globales de bienes, servicios y capitales sobre aquellos de carácter nacional o regional junto al libre comercio han sido  objetivos fundamentales de la globalización neoliberal. “Esta interconexión máxima del mundo parecía que nos daba mucha resiliencia y mucha capacidad de adaptación, pero lo que estamos viviendo ahora demuestra más bien todo lo contrario”, afirma el investigador y activista español Luis González Reyes, miembro de Ecologistas en Acción y autor del libro La Espiral de la Energía en una entrevista.  

La pandemia activó el efecto dominó sacando a la luz las falencias más profundas del sistema global, ahora la mayoría de países están adoptando medidas que frenan la globalización por razones de seguridad nacional y el proteccionismo está en la mira. La combinación de cierres intermitentes en fábricas, puertos y almacenes en todo el mundo y la creciente demanda ha desquiciado el sistema de suministro global. Los costos de transporte se han disparado, y los puertos y almacenes han experimentado acumulaciones de mercancías que esperan para ser enviadas a otro lugar, mientras que en otras partes de la cadena de suministro se ven obstaculizadas por la escasez.

El artículo How the Supply Chain Crisis Unfolded  publicado en The New York Times describe bien como  se desató la crisis de los suministros. Esta se inició con un bajón de la producción en razón de los confinamientos y restricciones ordenadas por los gobiernos para contener  el coronavirus que resultó en despidos masivos de trabajadores. Con menos mercancías y menos salarios pagados, las empresas manufactureras y las compañías navieras asumieron que la demanda decrecería lo cual no ocurrió. Simplemente los consumidores empezaron a comprar por Internet más bienes durables en lugar de gastar en entretenimiento y restaurantes. Y en el caso de Estados Unidos  y Europa los cuantiosos paquetes de estímulos y los  cheques pagados a los hogares hicieron que efectivamente creciera la demanda de manera que se saturaron sus puertos y se incrementaron  los fletes marítimos. 

Al mismo tiempo se desencadenó  la crisis de los contenedores. China, que además de ser el principal productor de mascarillas y batas y otros implementos de protección sanitaria, alberga un tercio de la producción manufacturera global, se dedicó a distribuir en sus buques  de carga equipos de protección en todo el mundo quedándose cortos de contenedores. 

Los contenedores no reclamados se apilaron en varios puertos del mundo  por falta de conductores de camiones. Ello está causando que los grandes almacenes se encuentren vacíos, pero más aún sin poder tener una fecha de cuándo recibirán sus próximos pedidos y abastecer a la demanda, llevando a las  tasas de inventario más bajos de la historia. 

Los empleadores  empezaron a encontrar dificultades para contratar personal. Pero algo sorprendente es que muchos trabajadores están renunciando o son reacios a regresar a sus trabajos anteriores y seguir tolerando malas condiciones laborales como lo indica  Paul Krugman en el artículo  The Revolt of the American Worker 

De manera que la escasez de una cosa resultó en la escasez de otra. Así, la falta de chips semiconductores resultó en la reducción de la producción de computadores, carros y dispositivos médicos y electrónicos. La falta de materias primas y componentes básicos se extiende a todos los sectores y va mucho más allá de los chips semiconductores.

La especialización y el modelo basado en el outsourcing o tercerización colapsaron. “Existe una gran especialización territorial en distintas producciones y cuando sobre esos territorios se producen situaciones específicas de imposibilidad de aumento de la oferta esto arrastra a todo lo demás”, explica González Reyes.  Una computadora ensamblada en China puede requerir un chip fabricado en Taiwán o Malasia, una pantalla plana de Corea del Sur y docenas de otros dispositivos electrónicos extraídos de todo el mundo, que requieren productos químicos especializados de otras partes de China o Europa, de manera que recomponer la cadena de producción no es tan fácil.

Bajo el modelo de manufactura just in time o justo a tiempo, las fábricas almacenan la menor cantidad posible de materias primas y piezas, es decir, mantienen inventarios ajustados.  Durante años algunos expertos han advertido que la economía global depende demasiado de la producción ajustada y de fábricas lejanas, expuestas a shocks externos como el inusitado crecimiento de la demanda.

Ahora hay consenso en que las empresas y gobiernos priorizarán la seguridad y la accesibilidad en los suministros frente a los costes. Es decir unas de cadenas de suministro más cortas, menos complejas y menos concentradas.

 “Pero es la crisis energética la que se dibuja como el mayor peligro para la economía y la estabilidad del mundo postcovid. En un año, el precio del gas se ha multiplicado por cinco, el del petróleo se ha duplicado y el precio del carbón ha alcanzado el nivel más alto de los últimos 13 años”, asegura Luis González Reyes. 

El aumento del precio de la energía y otros materiales se ha trasladado rápidamente a toda la economía y se ha traducido en índices de inflación que no se veían desde hace décadas en todos los países. 

El Fondo Monetario Internacional en su último Informe Económico Mundial, anunció que la desaceleración en las dos economías más grandes del mundo, Estados Unidos y China, será  mayor de lo esperado en 2022, arrastrando la producción en todos los continentes y reduciendo el crecimiento global.  ¿Estamos ante un escenario de estanflación? Entretanto los economistas no se ponen de acuerdo sobre el boom  económico  estadounidense o sobre cómo manejar la inflación. 

La manera sobre cómo se desenvolverá en el mediano y largo plazo este shock de la oferta con inflación donde unos factores se refuerzan con otros es incierta y seguramente traerá muchos traumatismos, puede tener implicaciones en la forma como está organizado el capitalismo actual. 

González Reyes sostiene que: "Ya no volverá la estabilidad y tranquilidad del siglo XX”(...)“Más allá de que algunos de estos acontecimientos impredecibles y “que antes parecían imposibles” sean más o menos coyunturales, hay algo que ha llegado para quedarse. Yo no diría que va a acabar con el capitalismo, pero a lo mejor sí con el capitalismo global". 


viernes, 4 de febrero de 2022

Pandemia, crisis neoliberal y Estado-nación: tres claves en el debate actual



Las secuelas que ha dejado la globalización neoliberal son a la vez terribles y elocuentes: las ganancias históricas de los trabajadores entraron  en franco retroceso,  el extremismo político floreció,  la polarización económica y social se agudizó, las naciones y las sociedades van a camino a la desintegración,  las guerras étnicas, religiosas e imperialistas proliferan y las ideologías extremas, míseras y mediocres están diluyendo  la compasión y destruyendo el significado de la responsabilidad ciudadana y propiciando un entorno muy difícil para los gobernantes. La lección aprendida mas no suficientemente asimilada todavía es que los mercados desregulados son peligrosamente inestables y en últimas económicamente ineficientes.  

El profesor emérito Manfred Bienefeld de la universidad Carleton en Otawa,  donde estudié mi maestría en Administración Pública, me ha dicho en sus últimas misivas que sus peores temores se están haciendo realidad, posiblemente la globalización haya llegado demasiado lejos y que los profetas de la barbarie podrían tener  algo de razón. 

Su tesis principal sostiene que los mercados deben estar integrados social y políticamente a marcos institucionales  capaces de manejar las tendencias centrífugas de los mercados.  Pero si se deja que el capitalismo global erosione a los estados nacionales encargados de estas funciones,  los ciudadanos perderán la fe en ellos y el mundo se tornará cada vez más conflictivo y acudirán a la religión, la raza y la identidad para encontrar un sostén a sus vidas. La cohesión social, la estabilidad política y el bienestar humanos se construyen más fácilmente cuando los contribuyentes creen en las instituciones porque  perciben beneficios tangibles gracias a que los estados nacionales tienen la capacidad de manejar procesos económicos  en torno a  un amplio propósito social común. 

El profesor Bienefeld, un economista keynesiano,  nos recordaba siempre  que otros mundos son posibles y que el capitalismo ha tenido mejores épocas,  en especial el período de la segunda posguerra cuando en respuesta al  crack del 29 -por la excesiva liberalización económica de los años veinte -, se instauraron las políticas del New Deal y el estado de bienestar surgió y los gobiernos socialdemócratas florecieron en muchos países del mundo, constituyéndose en la época de mayor estabilidad de los mercados financieros donde también imperaba un pacto social entre patronos y trabajadores. 

Las reglas y regulaciones de las instituciones diseñadas para proteger el capitalismo global, que sirven a ciertos intereses específicos financieros y corporativos a expensas de la mayoría, tienen un carácter político: la globalización neoliberal no es un resultado de avances tecnológicos -como nos lo han hecho creer los neoliberales para convencernos de que es inevitable e irreversible -sino de recetas de políticos y economistas de derecha.  

Entender la globalización como un resultado político es importante para poder corregir  el desmadre que nos ha dejado. Las soluciones no van a venir de parte de instituciones internacionales ni de instancias supranacionales sino de parte de  los estados nacionales soberanos: un nacionalismo positivo y constructivo, capaz de funcionar dentro de un marco social y político definido democráticamente que refleje  objetivos sociales, políticos, culturales, éticos y ambientales.  

Estas reminiscencias las traigo a colación porque el debate está abierto nuevamente. El tsunami de la pandemia de la Covid-19, tras cuarenta años de pesadilla  neoliberal, cogió aún a las economías occidentales más ricas impreparadas y con sistemas de salud frágiles. De hecho, la pandemia ha obligado a la mayoría de gobiernos a intervenir sus economías, rompiendo el paradigma del libre mercado y  quedando demostrado que las ONG, las compañías multinacionales y los organismos internacionales son en esencia insuficientes para combatir una crisis sistémica. 

Hasta los inversionistas lo dicen: "Los gobiernos ya no tienen otra opción, deben intervenir masivamente no solo en los mercados, sino sobre todo en la economía real para evitar un escenario de desastre al estilo de los años treinta", admite Yves Bonzon, director de inversiones de Julius Baer".  

Es más, las medidas adoptadas para manejar la crisis sanitaria y reactivar las economías  comprenden  intervenciones de Estado con una clara intención proteccionista con implicaciones de largo plazo. 

El presidente de los Estados Unidos, Joe Biden, ha impulsado  una gran expansión del gasto público en programas sociales, infraestructura y la transición a una economía verde. Y quién se iba a imaginar que el comercio internacional se paralizaría por una crisis logística y de suministros. La pandemia cambió abruptamente la dinámica de las cadenas globales de valor desafiando la lógica de integración global de la producción y el suministro.  

Cuando golpeó la covid en 2020, el primer reflejo de las autoridades a ambos lados del Atlántico fue la de proteger al capital. Pero a diferencia de 2009, la generosidad monetaria estuvo respaldada por un gasto público basado en un endeudamiento sin precedentes: adios a la austeridad. 

Es más, el profesor de Harvard, Dani Rodrik en el artículo para PS de septiembre de 2021 Aprendiendo las lecciones correctas de la experimentación económica de EE. UU dice que: 

“La conversación sobre política económica en los Estados Unidos se ha transformado completamente en el espacio de unos pocos años. El neoliberalismo, el Consenso de Washington, el fundamentalismo de mercado, llámelo como quiera, ha sido reemplazado por algo muy diferente". 

Efectivamente:  se prefiere sobreestimular la economía sobre la austeridad, se discute  un impuesto global para las corporaciones multinacionales, la política industrial está de regreso, se habla de buenos empleos y de empoderar a los trabajadores y sindicatos, las plataformas tecnológicas se ven como monopolios, la política comercial busca salvaguardar las cadenas de suministro nacionales. 

Aunque el entusiasmo por el libre mercado ha disminuido entre los economistas, no ha habido desarrollos programáticos al estilo del keynesianismo o del conservadurismo de Friedman, y esto es mejor pues cada país debe tomar medias políticas y económicas de acuerdo a sus circunstancias, concluye Dani Rodrik.  

No obstante, los gobiernos, aún los progresistas que están ensayando nuevos remedios,  no pueden eludir las contradicciones generadas  por la globalización neoliberal y aparentemente tampoco los problemas surtidos  del lado oscuro de la naturaleza humana. Así, por ejemplo, el crecimiento descomunal de la deuda global va a desestabilizar  eventualmente a los sistemas financieros y los bancos centrales van a ser menos capaces de amortiguar  sus graves  consecuencias. Dice el sociólogo alemán Wolfang Streeck, autor de ¿Cómo terminará el capitalismo? Ensayos sobre un sistema en decadencia, (2014), que el sector financiero se ha convertido  en un gobierno privado internacional que disciplina a las comunidades políticas nacionales y a sus gobiernos públicos, sin tener que rendir cuentas democráticamente a nadie. 

Es imposible predecir el futuro, pero con toda certeza la destorcida neoliberal, ahora aupada por el tsunami de la pandemia y en medio de un creciente militarismo, representa muchos desafíos para todos: las sociedades fracturadas, las economías desequilibradas,  los líderes que buscan el cambio y los atribulados gobiernos.






viernes, 28 de enero de 2022

Los hechos hablan pero las historias venden

 




La crisis de la globalización también conlleva una profunda crisis  de la manera de hacer  política y de las ideologías. Como los mercados determinaron la política y los estadistas se han sometido  a su designio, a falta de programas e ideas concretas de cambio,  los líderes y las campañas electorales necesitan contenidos, la historia del día, -the line of the day- relatos fabricados por estrategas de la comunicación  que pueden peligrosamente reemplazar la realidad. 

Según el ensayista francés Christian Salmon, autor de Storytelling: la máquina de fabricar  historias y formatear las mentes 2007 p. 120, el arte del relato “es una operación más compleja de lo que se podría creer a primera vista: no se trata sólo de “contar historias” a los asalariados, de ocultar la realidad con un velo de ficciones engañosas, sino también de compartir un conjunto de creencias capaces de suscitar la adhesión o de orientar los flujos de emociones; en resumen, de crear un mito colectivo constructivo”. Es decir, el sentido de las historias que nos cuentan viene dado y muy acotado para que no lo cambiemos. 

Ron Suskind, autor de varias investigaciones sobre las comunicaciones en la Casa Blanca, escribió un artículo para The New York Times en 2002 donde relata cómo fue duramente espetado por un asesor de Bush, presumiblemente Karl Rove,  unos meses antes  de la guerra de Irak, así:

“Usted cree que las soluciones emergen de su juicioso análisis de la realidad observable. (…)  El mundo ya no funciona realmente así. Ahora somos un imperio, prosiguió, y cuando actuamos creamos nuestra propia realidad. Y mientras usted estudia esa realidad, juiciosamente como desea, actuamos nuevamente y creamos   otras realidades nuevas”. 

El artículo tuvo tal impacto que en respuesta se creó "la comunidad basada en la realidad" en la Web. Al hablar de ‘la derrota del empirismo’, Suskind puso el dedo en la llaga, “que consiste en delimitar la deliberación, el control, la búsqueda de hechos, la investigación sobre el terreno” en el periodismo. Y en esto los nuevos medios de información electrónica que suministran noticias al instante, favorecen una versión anecdótica de los acontecimientos, contribuyendo como nunca a enturbiar la frontera entre la realidad y la ficción, reitera Salmon.  

Los líderes  populistas que se han puesto de moda, efectivamente hablan de sí mismos, de su historia personal y deben ser por naturaleza contadores de historias. En sus discursos siempre se presentan como outsiders, es decir, como alguien que viene “de afuera”, incontaminado por los vicios de los partidos políticos  o el establecimiento  y que se ha visto casi forzado a entrar en la política debido a la indignación moral que el sufrimiento del pueblo y la traición de la élite le generan, impulsados por un deseo de servir al pueblo.  A diferencia tanto del liberalismo como del marxismo, el populismo no plantea un horizonte futuro de superación de la división posible entre pueblo y élite, es decir que el mito populista no es emancipador sino redentor.

En el caso del populismo de izquierda, el antagonismo está dirigido hacia arriba, es decir, hacia una élite económica-social.  En contraposición, en el populismo de derecha de por ejemplo Donald Trump y Marine Le Pen, el antagonismo está dirigido hacia abajo: hacia inmigrantes, minorías étnicas y mujeres principalmente. Se trata de una estrategia racional a fin de contar siempre con un público leal.  En el discurso populista la referencia a la emoción es abierta y constante.

El profesor de periodismo de la Universidad de Columbia, Evan Cornog, asegura que en las campañas electorales de Estados Unidos: “es la batalla de las historias, y no el debate sobre las ideas, lo que determina como los norteamericanos reaccionarán en una competición electoral”. El ejemplo reciente más dramático fue la elección de Donald Trump con su discurso populista anti-establecimiento, siendo él el más fiel representante del mismo. 

En   razón de la profunda crisis que viven las democracias, el electorado percibe a la corrupción como el problema principal. Lo fue en la campaña presidencial de 2018 en Colombia y lo es  en la campaña  actual. 

La campaña del ingeniero Rodolfo Hernández,  ha  logrado canalizar desde las redes sociales el rechazo a las maquinarias  partidistas corruptas. Para construir su discurso, su historia, el  ex alcalde de Bucaramanga contrató al  asesor político español Víctor López, quien ayudó a Nayib Bukele a llegar a la presidencia de El Salvador y es reconocido por sus estrategias a través de las redes sociales. López aseguró en una  entrevista con El Comercio,  que las ideologías (izquierda, derecha...) no llaman la atención del votante sino las personas como tal que se postulan. Y es que siguiendo ese hilo de ideas, Hernández, desde que se lanzó como candidato presidencial, decidió hacerlo avalado por firmas ciudadanas y alejado de los partidos políticos y sigue insistiendo en eso al también haber rechazado participar en las consultas de las diferentes coaliciones políticas. Y está teniendo éxito en comparación con otras campañas que también tienen a la corrupción y el clientelismo en la mira. 


Recomiendo el podcast A Fondo de María Ximena Duzán: El viejito tiktoker que podría ser presidente de Colombia.


domingo, 23 de enero de 2022

Movimientos identitarios: falta de imaginación, dice Caparros

 


Dice el cronista Martín Caparros que “Los movimientos identitarios son la imaginación de una época sin imaginación”, pues parten de lo que somos y no de lo que quisiéramos ser.  Sostiene que  los últimos 200 años se caracterizan por ser  la historia de la construcción de la diferencia para convencerte de que eres diferente al tipo de enfrente.  (Martín Caparros, podcast Paredro de octubre  de 2021 sobre su libro Ñamérica)

La pregunta clave  es:  ¿qué nos une?  ¿En qué radica un proyecto de  verdadero cambio hacia el futuro?

Dice Caparros que nos correspondió vivir una época sin proyecto de futuro. Pasa en todo el mundo pero más aquí en Ñamérica.   Hay épocas que lo tienen y otras que no y  los tiempos históricos son largos. En la actualidad, vemos el futuro no como una promesa sino como amenaza. 

Vivimos un período caracterizado por muchos estallidos sociales,  momentos de cólera  que no construyen. Hay mucho descontento y mucha gente que sale a la calle a protestar pero no hay un proyecto de sociedad que haya cristalizado aún, no hay una idea que haya tomado fuerza suficiente como para abanderar a toda una sociedad.  También son tiempos de conflictos religiosos, nacionalistas  y étnicos muy divisivos.  

Es importante señalar que junto con los movimientos identitarios se desplegó el enfoque diferencial, el cual  se originó en parte en virtud de  la globalización neoliberal. La focalización de los subsidios y ayudas para  las poblaciones denominadas vulnerables, bajo argumentos de eficiencia, reemplazaron a las viejas políticas  públicas de cobertura nacional propias del Estado de Bienestar.  En adelante, con un enfoque de derechos  diferenciados se crearon instituciones, leyes, instancias de participación y  acciones afirmativas para satisfacer derechos identitarios y no de los ciudadanos en general: mujeres, jóvenes, infancia, ancianos, población LGBTI, indígenas, etc.  La no discriminación se volvió bandera política y  todo el mundo entró en el juego.  

Una de las limitaciones del enfoque diferencial es que lo acompaña un exceso de corrección política, paralizante en la medida en que dificulta que se hable de muchas cosas y en particular de los problemas estructurales y nacionales que debemos resolver tomen nuevamente relevancia. Cada cual está  en lo suyo  sin una visión de país o de futuro y esta miopía  también incluye  a los  políticos. Así los populismos de un signo o de otro abundan hoy día con sus falsas pequeñas promesas. 

Presenciamos  campañas electorales carentes de propuestas de fondo, se intenta satisfacer  un poco a cada grupo,  pero los políticos no se atreven a hablar de un nuevo modelo de sociedad, de  cambios en el modelo de desarrollo imperante, ni de un proyecto de futuro, ni siquiera la vieja izquierda, ahora acorralada en propuestas supuestamente no polarizantes, estigmatizada por los fracasos de los llamados gobiernos del socialismo del siglo XXI, entre otras cosas porque  la mejoría  en la calidad de vida que se dio entre el 2000 y el  2015 no  cobijó en especial a  los países con  gobiernos izquierdistas. 




miércoles, 14 de abril de 2021

La Reserva de Biosfera Seaflower y el conflicto limítrofe y marítimo con Nicaragüa



Este artículo hace un recuento del litigio limítrofe y marítimo entre Colombia y Nicaragua  en relación con la Reserva de Biosfera Seaflower y su importancia ambiental, cultural y económica para sus pobladores, el país y la región. En la primera parte nos centramos en el litigio y su evolución y en la segunda en la importancia ambiental y social de la Reserva y sus afectaciones especialmente a raíz del Fallo de la Corte Internacional de Justicia de 2012.  El mapa ilustra la tesis de archipiélago de Estado de Gaviria Liévano. 

Elizabeth Beaufort

Primera Parte:  Nicaragüa a la ofensiva 


El Gobierno colombiano nunca tomó en serio los anuncios y amenazas de Nicaragua sobre posibles demandas ante la Haya, siempre ha estado a la defensiva frente a los continuos reclamos nicaragüenses y sus estrategias han sido erráticas y han fallado reiteradamente, como se puede constatar en los hechos que antecedieron y siguieron al Fallo de la Corte Internacional de Justicia, CIJ,  de la Haya de 2012, bajo el cual la soberanía territorial sobre los cayos continúa siendo de Colombia, pero se pierde una gran extensión marítima así como los recursos marítimos que esta alberga. 

Es importante resaltar que la CIJ, para fijar el límite marítimo, tomó como referencia las costas relevantes de cada país. Para el caso colombiano, dicha costa resultó de la suma de las costas de las islas de mayor tamaño del Archipiélago y a partir de las cuales se definieron las líneas base del trazado. Recuérdese que como se dijo previamente, las líneas base de Nicaragua se constituyeron a partir de toda costa continental (estas líneas base son aún provisionales y en esta medida la CIJ dejó parte de su sentencia abierta con respecto a la pretensión de una plataforma continental extendida). 


En 6 de diciembre de 2001, un año después de declarada la Reserva de Biosfera, RB, por el Programa del Hombre y la Biosfera, MAB, de Unesco, entrando a formar  parte de la Red Mundial de Reservas de Biosfera con el nombre de Seaflower, RB, por la Unesco, el gobierno de Nicaragua concretó en una demanda ante la CIJ la agresión jurídica, diplomática y geopolítica que venía ejerciendo contra Colombia desde 1980.   Alega que existe una disputa entre los dos países relacionados con el título del territorio y delimitación marítima, que existe jurisdicción de la Corte en virtud del Pacto de Bogotá . Le solicita la soberanía sobre todo el archipiélago de San Andrés y que además determine “el curso de la frontera marítima única entre las áreas de la plataforma y la zona económica exclusiva perteneciente a Nicaragua y Colombia respectivamente”, sostiene que el meridiano 82 no es un límite legal y se reserva el derecho tanto de reclamar compensación a Colombia por el injusto reconocimiento a la posesión colombiana de las islas del archipiélago como de cambiar o enmendar su solicitud. 

El jurista internacionalista Enrique Gaviria Liévano, quien falleció el año pasado, hizo un análisis minucioso y certero  del tortuoso litigio limítrofe entre Colombia y Nicaragua desde sus inicios.  Concluye en su libro póstumo, La Desintegración del Archipiélago de San Andrés y el Fallo de la Corte de la Haya: errores y omisiones de la defensa colombiana , primero, que la Corte se excedió en el ejercicio de su jurisdicción y desconoció varias normas del derecho internacional y, segundo, que la defensa de Colombia y sus actuaciones antes y después del fallo fueron contradictorias y desacertadas y que además, Colombia nunca alegó al archipiélago de San Andrés como tal y mucho menos como archipiélago de Estado como lo propuso ante la Academia Colombiana de Jurisprudencia para ascender a miembro de número, tesis que el ex presidente Alfonso López Michelsen luego denominaría Doctrina Gaviria.    

En síntesis, el trabajo sugería que Colombia debía declarar como archipiélago oceánico o de Estado a San Andrés y Providencia sobre la base de trazar líneas de base rectas que unan todas sus formaciones insulares y formen un perímetro determinado. Sus aguas interiores o archipielágicas quedarían exclusivamente de Colombia respetando la libertada de paso y sobrevuelo de los barcos y aeronaves extranjeras. El mar territorial, la zona económica exclusiva y la plataforma continental, se medirían a partir de la parte exterior de la línea de encerramiento. Su fundamento legal era la ley 10 de 1978, cuyo artículo 9º ordena trazar las mencionadas líneas en el archipiélago, ley que requería de  reglamentación. En desarrollo de dicha ley el gobierno expidió los decretos que crean el cuerpo de guardacostas y el de prevención de la contaminación del medio marino y el del aprovechamiento integral de esos recursos. 

Por la importancia y vigencia de sus argumentos, los reproducimos resumidamente en este artículo. 

Un día antes de la demanda Colombia, el 5 de diciembre de 2001, Colombia decide retirarse de la jurisdicción de la Corte Permanente de Justicia Internacional formulada por declaración del 30 de octubre de 1937 y por tanto de la Corte Internacional de Justicia. Colombia había hecho una reserva en el sentido que de que la jurisdicción de la Corte solo se aplicaba a hechos posteriores al 6 de enero de 1932, y no invocó esta reserva en su defensa. 

Mientras Colombia rechaza la posibilidad de interponer recursos contra el fallo de la CIJ de 2012, Nicaragua sigue a la ofensiva. En el mes de noviembre de 2013, el país centroamericano interpuso dos nuevas demandas ante la CIJ solicitándole en la primera que Colombia aplique y respete el fallo de 2012 y en la segunda que establezca como límite marítimo definitivo una línea que vaya más allá de las 200 millas náuticas de su plataforma continental.


La renovación de la Reserva de Biosfera Seaflower y nuevas reclamaciones por parte de Nicaragua

El 10 de noviembre de 2020 se cumplieron 20 años de la declaratoria del Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina como Reserva de Biosfera y el Gobierno Nacional, en cabeza de su Cancillería, debe presentar un informe decenal a la Unesco para su renovación,  cuestión que se viene haciendo con retraso y que suscita gran preocupación por cuanto Nicaragua ha presentado nuevas demandas luego de los nefastos fallos  de la Corte Internacional de la Haya de 2007 y 2012, los cuales le otorgaron  el 54% de la RB a Nicaragua, dejando a discreción del gobierno de Managua su conservación,  a sabiendas de que su interés primordial es y ha sido la explotación de los bloques petroleros de la región y la pesca ilegal.

La Unesco considera que: 
"La revisión periódica es un evento importante en la vida de una reserva de biosfera. Permite una revisión, cada diez años, del funcionamiento, zonificación, escala de la reserva de la biosfera, así como la participación de las poblaciones que viven en el sitio. La revisión periódica representa una oportunidad para realizar un relievamiento cualitativo de las acciones implementadas, sus resultados. Es el momento de hacer un balance de los avances realizados por la reserva de biosfera, especialmente en lo que respecta a la actualización de conocimientos, habilidades y experiencia en la gestión de recursos y ecosistemas. También brinda la oportunidad de discutir la actualización del sistema de zonificación y evaluar su relevancia, cuestionar los objetivos y medios de las políticas de gestión y examinar los problemas y problemas relacionados con la implementación. También es un momento para discutir los puntos débiles”. 

Esta es la oportunidad de que Colombia revise su status frente a Nicaragua. Nos preguntamos, con cuáles argumentos, mapas y con base en qué área y configuración espacial y coordenadas geográficas de la RB va a presentar Colombia ante la Unesco, considerando los desarrollos del litigio con Nicaragua. A la fecha, no sabemos si Colombia ya cumplió con esta importante gestión. 

En efecto, en enero de 2021, la Asamblea Nacional de Nicaragua discutió una iniciativa denominada ‘Ley que Declara y Define Reserva de Biosfera del Caribe Nicaragüense’. La iniciativa fue aprobada con 75 votos a favor y entrará en vigencia una vez publicada en La Gaceta, diario oficial. La iniciativa incluye en calidad de Reserva de Biosfera a la Costa Caribe conformada inclusive por la zona marítima restituida a Nicaragua por la Corte Internacional de Justicia de la Haya en 2012, desconociendo que el área ya era reconocida como Reserva de Biósfera por parte de la UNESCO. Así las cosas, el conflicto se estaría agitando en un año en que se aguardan importantes definiciones en la CIJ de La Haya sobre el pretendido alcance su plataforma continental.

En respuesta el pasado 16 de febrero, el Ministerio de Relaciones Exteriores colombiano, en nombre del Gobierno Nacional, informa que “hoy presentó ante Nicaragua su enérgica protesta frente a la ley aprobada recientemente por la Asamblea Nacional de ese país, mediante la cual se establece unilateralmente la llamada “Reserva de Biósfera del Caribe nicaragüense”.
En el comunicado, Colombia resalta que esta medida de Nicaragua no cumple con los requisitos y procedimientos internacionales para el reconocimiento de áreas y lugares de especial interés y protección ambiental. Es una decisión unilateral de Nicaragua que desconoce la existencia y logros en términos de protección ambiental de la Reserva de Biósfera Seaflower, declarada como tal desde el año 2000 por la UNESCO.

En su nota de protesta, Colombia rechaza que, bajo el pretexto de una medida de protección ambiental y en contravía del derecho internacional, Nicaragua incluya y califique porciones del mar Caribe como si fueran parte de su territorio.

La declaratoria representa un intento más por parte de Nicaragua de generar hechos ante la Corte Internacional de Justicia, con el objetivo de aparentar cumplimiento y respeto por las normas sobre derechos humanos y medio ambiente, pese a que ya es de amplio conocimiento por la comunidad internacional que las autoridades nicaragüenses son infractoras sistemáticas en estas materias”. 

No sabemos cuál será la  repercusión real de esta nota de protesta del Gobierno Nacional, pero entre los internacionalistas, los conocedores del litigio, esperan un nuevo fallo de la CIJ en contra de Colombia. Es el rumor.

Antecedentes históricos: litigio limítrofe del Archipiélago de San Andrés con Nicaragua y con Estados Unidos

Las reclamaciones de Nicaragua datan desde cuando se convierte en Estado independiente en 1838 y se disolvió la Unión de Provincias Unidas de Centroamérica. Desde entonces ha desconocido tanto la Real Orden de 1803 como el tratado Esguerra-Bácarcenas de 1928.  

El tratado Esguerra-Bárcenas se firma el 24 de marzo de 1928, aprobado por la ley 93 de 1928 por Colombia y por Nicaragüa el 6 de marzo de 1930. El Art. 1º dice: 

Colombia le reconoce a Nicaragua la soberanía y pleno dominio sobre la costa de Mosquitos desde el cabo Gracia de Dios hasta el río San Juan y las islas Mangle Grande y Mangle Chico en el océano Atlántico y a su vez Nicaragua reconoce a Colombia la soberanía y el pleno dominio sobre las islas de San Andrés y Providencia, Santa Catalina y todas las islas, islotes y cayos que hace (sic) parte de dicho archipiélago de San Andrés”. Quedó sin embargo una salvedad en el sentido de que “No se consideran incluidos en este tratado los cayos de Roncador, Quitasueño y Serrana, por estar en litigio entre Colombia y Estados Unidos. 
Todo fue para Nicaragua, sin ninguna contraprestación para Colombia, según afirma Enrique Gaviria Liévano: Colombia le entregó a Nicaragua no sólo la Costa de Mosquitos desde el Cabo Gracias A Dios hasta el río San Juan, a pesar de haber sido usurpado por esta en 1894, y las islas Mangles, invadidas también por Nicaragua dos años antes, a cambio del reconocimiento de San Andrés y Providencia. Colombia cedió las islas Mangles en el tratado do Esguerra-Bárcenas por temor a Estados Unidos.

El litigio con Estados Unidos  sobre los cayos. Como consecuencia de la ley del guano promulgada por Estados Unidos en 1856, James Jennet obtuvo una licencia de explotación del guano depositado en estos cayos una mina potencial de riqueza. En 1857 Estados Unidos publicó una lista de islas guaneras incluyendo las colombianas. Como resultado de las reiteradas protestas de Colombia por el desconocimiento de sus títulos legítimos sobre estos tres cayos, finalmente, se llegó a un statu quo con Estados Unidos, mediante las Notas Olaya-Kellog suscritas el 10 de abril de 1928, donde irónicamente Estados Unidos da permiso a Colombia para pescar dentro de aguas colombinas, pero sin concretar su propiedad sobre Roncador, Quitasueño y Serrana. 

Transcurrido un siglo de toda suerte de arbitraria explotación de los cayos de Roncador, Quiasueño y Serrana por parte de Estados Unidos, se suscribe el tratado Vásquez-Saccio el 9 de septiembre de 1972 donde Estados Unidos renuncia a todas las reclamaciones de soberanía sobre los tres cayos y en contraprestación, sus buques pueden pescar en aguas adyacentes. Sin embargo, para lograr el canje de los instrumentos de ratificación de ese tratado transcurrieron casi diez años, y tan sólo entró en vigor el 17 de diciembre de 1981. Nicaragua, al firmar el tratado de 1928 no hizo observación alguna,  lo que significa que lo relativo a los cayos era una disputa exclusiva entre Colombia y Estados Unidos. Sin embargo, en el proceso con la Haya ha alegado que Quitasueño no es una isla, asimilándolo a una roca, teniendo derecho a solo un mar territorial de 12 millas y reclamando derechos sobre los cayos. 

Se suponía que el tratado Esguerra-Bárcenas de 1928 ponía término al litigio territorial entre Nicragua y Colombia, pero en 1980 Nicaragua lo desconoce mediante declaración unilateral de nulidad y luego mediante  el proceso contra Colombia en la Corte de la Haya. En efecto, el 4 de febrero de 1980 la Junta de Reconstrucción Nacional, en nombre del gobierno sandinista, promulgó una declaración acusando el tratado en mención, con la argucia de que dicho instrumento era nulo y por tanto invalido. A la denuncia del FSLN, se presentó el volumen titulado “Libro Blanco”, un oscuro cúmulo de documentos, pruebas, escrituras y títulos, que demuestran los supuestos derechos que asisten a Nicaragua para defender y mantener la integridad de sus extensiones insulares y la plataforma continental. Nicaragua pese que en el Pacto de Bogotá quedó estipulado que “Los tratados constituyen norma para el desarrollo de las relaciones pacíficas entre los Estados, y solo pueden ser revisados mediante acuerdo entre las partes”, logró hacer ver que Colombia no era el país agredido sino el agresor. Dice Gaviria que Nicaragua no podía haberse retirado del Tratado Esguerra-Bárcenas, después de haber observado y aplicado el meridiano 82 como límite marítimo por más de cincuenta años. 

El abandono del meridiano 82 por parte del Gobierno de Álvaro Uribe Vélez en 2008 como límite marítimo con Nicaragua y su sustitución por la línea media, envió  un mensaje equivocado a los jueces de la Corte y facilitó que rechazara el meridiano 82 en su fallo del 19 de noviembre 2012, según el cual trazó una línea con grandes prejuicios para Colombia al fraccionar el archipiélago y que además había sido una condición sine qua non de Nicaragua para aprobar el tratado sobre cuestiones territoriales o Esguerra-Bárcenas del 24 de marzo de 1928.   


Análisis de Gaviria Liévano de los fallos de la CIJ frente a las demandas de Nicaragua 


Según Gaviria, la CIJ se excedió en el ejercicio de su competencia (ultra petita) al decidir sobre cuestiones de fondo en el fallo del 13 de diciembre de 2007 sobre las excepciones preliminares a su jurisdicción presentadas por Colombia (21 de julio de 2003) objetando la jurisdicción de la Corte. Lo hizo al declarase competente para pronunciarse sobre las demás formaciones insulares o cayos y también al trazar una frontera marítima. 

La Corte se arrogó la competencia para decidir lo relativo a Roncador, Quitasueño y Serrana y aún más grave, la delimitación marítima. La CIJ acogió la excepción preliminar presentada por Colombia en lo referente a las islas de San Andrés, Providencia y Santa Catalina; pero la rechazó con relación a los accidentes que no han sido en su parecer resueltos el Tratado de 1928 y a la delimitación marítima, es decir la Corte concluye que ni el tratado de 1928 ni el Protocolo de 1930 habían efectuado una delimitación marítima entre Colombia y Nicaragua. 
Dice Gaviria Liévano que “el desastre que le significó a Colombia el fallo de 2012 no fue sino consecuencia de lo que decidió la Corte en 2007 sobre las excepciones u objeciones preliminares”. 

Con el fallo del 19 de noviembre de 2012, la Corte Internacional de Justicia desconoció que la RB abarca la extensión del archipiélago en su conjunto (San Andrés, Providencia y Santa Catalina islas habitadas; seis cayos y bancos -Alburquerque, Bolívar Quitasueño, Serrana, Roncador, Serranilla- y dos bajos -Bajo Alicia y Bajo Nuevo) e ignoró que las reservas son nominadas por los gobiernos nacionales y permanecen bajo la jurisdicción soberana de los estados.  El fallo de la CIJ, dejó a Quitasueño y Serrana enclavados en mar nicaragüense, restándole 75.000 kilómetros de mar a Colombia. El fallo final reivindicó la soberanía de Colombia sobre San Andrés, Providencia y Santa Catalina, pero se pierde una gran extensión marítima así como los recursos marítimos que esta alberga.

Colombia nunca mencionó en su defensa la Reserva de Biosfera Seaflower, ni la importancia que tienen los recursos naturales que esta área marina alberga para el desarrollo social, económico y ambiental de la población del archipiélago. El fallo rompió la unidad del archipiélago privando a los isleños de sus fuentes de sustento. Colombia no alegó que la pesca - que se realiza a escala artesanal e industrial y está enfocada a la explotación de la langosta espinosa (Pan ulirus argus), el caracol pala (rustrowlms gigas) y gran variedad de peces demersales, como pargos, chernas y meros, entre muchos otros, y pelágicos, como atunes, dorados, sierra y jureles, entre otros-, es el sustento de gran parte de la población. El 7 de enero de 2013 el pueblo raizal, que fue exluido de las negociaciones con la CIJ, indignado ante el Fallo de la Corte de 2012 emite un comunicado rechazando “el cercenamiento del espacio marítimo, espacio territorial y nuestra cultura, que es parte inherente del archipiélago”, la cual no tuvo respuesta alguna. 

La Constitución de 1991 reconoció a los isleños nativos como raizales, descendientes de colonizadores europeos y africanos que llegaron a esta isla en los siglos XVII; XVIII y IX. El acervo cultural ha sido protegido por la Constitución de 1991 (Art. 310), al igual que el ambiente y el uso de los recursos naturales (Art. 160). Para una historia detallada véase James J. Parsons,  San Andrés y Providencia: una geografía histórica de las islas colombianas del Caribe. El Áncora Editores, 1985. 


La Corte también desconoció el principio de utti possidetis iuris de 1810, es decir que se hubiera ejercido soberanía  sobre los elementos en disputa entre Nicaragua y Colombia antes o al momento de la independencia. Este principio es fundamental porque se refiere al archipiélago como una unidad, tal y como se puede ver en la Real Orden de 1803, pues el traspaso se hizo considerando el Archipiélago como una unidad geográfica sin ninguna exclusión. Los estados americanos tienen establecido que la propiedad y los límites de las antiguas provinvias pertenecientes a los virreinatos y capitanías se determinaban conforme a las reales órdenes o cédulas reales que cada una tuviera al momento de su independencia en 1810. 

Bajo este principio, Colombia tiene derecho a la costa de Mosquitos del Cabo Gracias a Dios hasta río San Juan, y a todas las islas, islotes y cayos que forman parte del Archipíélago de San Andrés, derecho emanado del soberano español en el momento de la independencia.

La Real Orden de 20 de noviembre de 1803  es el título genuino que tiene Colombia sobre San Andrés y tuvo sobre la costa de Mosquitos. La Real Orden de 1803  fue confirmada mediante la Real Orden expedida en Aranjuéz el 26 de mayo de 1806 y la  Real Cédula del Emperador Carlos V de marzo de 1537 mediante la cual al Veragua queda bajo la gobernación de Tierra Firme fue un antecedente. Colombia, argumenta, Enrique Liévano, no hizo sino legislar para proteger este territorio como de Colombia desde su integración  al Estado colombiano en 1822, cuando adhirieron a la Constitución de Cucuta de 1821, mediante la cual nos declarábamos república independiente.

No obstante lo anterior, la Corte estimó que ni Colombia ni Nicaragua  lograron establecer que tuvieran un título sobre los elementos marítimos en disputa en virtud del utti possidetis iuris. 
La Corte de la Haya rechazó el meridiano 82 como límite marítimo, tal y como habían convenido Colombia y Nicaragua en el tratado Esguerra -Barcenas. 

Nicaragua sostuvo que la costa relevante comprendía su costa continental en el Caribe, junto con las islas que consideraba una parte integrante de su territorio. La ponderación de ambos países sobre la longitud de las costas pertinentes de Colombia y Nicaragua era de 1 a 8,2. La Corte traza una linea ponderada simplificada. En el fallo de 2012, no sólo acepta la demanda formulada por Nicaragua sino que además declara que “el método de limitación que se debe tener en cuenta consiste en trazar un límite que realice una división por parte iguales de la zona de la plataforma continental donde los derechos de los Estados parates se superponen”.  La Corte, dijo que Colombia solo argumentó razones históricas y no jurídicas, acogiendo casi literalmente la posición de Nicaragua y no aceptó que los cayos de Serranilla y Bajo Nuevo formaran parte del archipiélago, por su distancia de las islas principales, no obstante que el tratado de 1928 enumera todas las formaciones insulares que forman el archipiélago. 
 
Colombia sostuvo equivocadamente que la fecha crítica o la disputa cristalizó en 1971, cuando Colombia y Estados Unidos comenzaron negociaciones para resolver la situación de los cayos del Archipiélago de San Andrés. 

Colombia al no haber ratificado la Convención sobre el Derecho del Mar de 1982, aceptó que en el litigio se aplicara la costumbre internacional. La Tercera Conferencia de Naciones Unidas sobre el Derecho al Mar fue trascendental porque “De las doce millas de mar territorial se pasó al de zona económica exclusiva de doscientas millas en favor de todos los Estados y al concepto de “patrimonio común de la humanidad”, de los recursos vivos y no vivos  que se encuentren en la zona llamada internacional. En dicha conferencia Nicaragua anticipó la posición que sostendría ante la Corte de la Haya, según la cual su plataforma continental forma parte de las islas del archipiélago de San Andrés y que reclama una plataforma extendida, más allá de las doscientas millas marinas, como lo reitera en su segunda demanda del 13 de septiembre de 2012. 

La Corte desconoció que terceros estados hayan reconocido la soberanía colombiana sobre el archipiélago de San Andrés e ignora los tratados suscritos con otros países en ese sentido. 

Segunda parte: Importancia ambiental y social de la RB Seaflower y sus amenazas

Según Alexandra Pineda Muñoz, directora de la Fundación Seaflower: Research and Conservation Foundation que se dedica a la protección y conservación de nuestras riquezas marítimas: 

Seaflower hace parte del hotspot de arrecifes del Caribe occidental y parte del hotspot del Caribe terrestre la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) lo ha catalo- gado en su lista A de Latinoamérica y el Caribe como área potencial de patrimonio de la humanidad. De hecho, estos arrecifes coralinos ocupan aproximadamente un 5 % del mar Caribe y el 76 % de los arrecifes de Colombia y su alta biodiversidad puede evidenciarse en las más de 2300 especies marinas que alberga. Hasta la fecha se han identificado 731 especies de peces, lo cual representa más del 50% de los peces reportados para todo el Gran Caribe, y más de lo reportado para todo el Arrecife Mesoamericano el cangrejo negro (Gecarcinus ruri- cola) y el vireo de San Andrés (Vireo caribaeus), asimismo, es lugar importante para aves migratorias. 
Agrega que desde la creación de la RB se han logrado avances importantes en la administración, protección y recuperación del medio ambiente, con la participación de la comunidad. Adicionalmente, se ha logrado la zonificación del Distrito de Manejo Integrado, la declaratoria de los Parques Regionales Naturales y la formulación e implementación de planes de manejo para las áreas.

Observa que mientras las actividades de conservación y manejo sostenible de la Reserva han sido una prioridad para Colombia, Nicaragua ha sido descuidada y en cambio ha perseguido a nuestros pescadores.  

Uno de los problemas más graves que la Fundación Seaflower ha buscado mitigar es la rápida disminución de los peces loros en las aguas del Archipiélago debido a la sobrepesca, pues vienen siendo pescados indiscriminadamente en las aguas circundantes de la isla desde hace varios años. 

(Véase artículo sobre la RB Seaflower que escribió para la publicación de 2019 Voces de la Gestión Territorial: Estrategias para la conservación de la biodiversidad en Colombia, del Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt y Fundación Natura)

Los peces al ser herbívoros, se alimentan de las algas que cubren los corales. Son también creadores de una buena parte de las playas blancas del Caribe pues al  alimentarse de las macroalgas, los peces muerden, comen y excretan pedazos de roca arrecifal en un proceso llamado llamado bioerosión. 
 
La sobrepesca de estos peces está generando un aumento de macroalgas sobre los corales, lo cual resultará inevitablemente en el deterioro del arrecife, y en ecosistemas menos productivos y menos resilientes. Todos los estudios demuestran que los arrecifes más sanos del Caribe son aquellos que aún tienen poblaciones robustas de peces loro, razón por la cual su protección se hace indispensable.

Si estos peces desaparecen, las macroalgas proliferarían generando un desastre en cadena. La resolución de Coralina, que prohibió en 2019 la pesca de peces loro en Colombia, señala que cada kilómetro cuadrado de arrecife sano “puede cubrir las necesidades proteicas de más de 300 personas, en donde los arrecifes de coral proporcionan un 10 % aproximado de la producción mundial sostenible de proteína marina para alimentación humana”. El pez loro de media noche (Scarus coelestinus), el loro azul (Scarus coeruleus) y el loro guacamayo (Scarus guacamaia), están catalogados como En Peligro, según el Libro rojo de peces marinos de Colombia.

Similarmente, según el Observatorio de Coralina, el caracol pala ha experimentado una reducción continua y significativa a lo largo de su zona de distribución por todo el mar Caribe, el Golfo de México y a lo largo de Bermuda, razón por la cual fue incluido en el Apéndice II de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestre CITES en el año 1992 y en 1994 en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN).

Por esta razón su captura está controlada. Para el año 2010, con base en estudios que demostraron la reducción significativa de poblaciones juveniles en los cayos Serrana y Roncador, se cierra reiteradamente la pesquería de caracol pala en el Archipiélago de San Andrés, hasta el 20 de mayo de 2014 (Acta de comité de verificación), período en el cual se abre de nuevo y se otorga una cuota de pesca de 16 ton, exclusiva para pescadores artesanales en el Banco Serrana, cuota que se mantiene vigente para el presente año.

Serrana, es el banco que ha mantenido la pesquería de caracol en los últimos 10 años y actualmente es la única zona productora de este recurso en Colombia, gracias a que ha presentado densidades altas, las cuales se incrementan a más de 100 individuos por hectárea especialmente después de un período de cierre de la pesquería.  

En los últimos años las invasiones de buques de bandera extranjera a ejercer tareas de pesca ilegal en las aguas jurisdiccionales de Colombia son más frecuentes y más difícil de controlar a pesar de que los operativos contra la pesca irregular son permanentes por parte de las fragatas de la Armada Nacional. La Ley 1851 de 2017 faculta a la Armada Nacional a capturar a las motonaves vinculadas al delito de pesca ilegal.

Los pesqueros ilegales cruzan la amplia frontera marítima y en cuestión de horas pueden llevarse toneladas de productos que son comercializados en países como Nicaragua, Honduras, Jamaica y República Dominicana. Según la científica Ximena Escovar Fadul, experta en conservación marina para la ONG Seacolog,  luego del Fallo de la la Corte Internacional de Justicia de 2012, que confirmó que el archipiélago de San Andrés pertenece a Colombia, sin embargo, delimitó la frontera marítima en favor de Nicaragua;  a partir de ahí, “muchos pescadores que salían por diferentes temporadas a pescar a ciertos lugares, ahora ya no pueden entrar a esos territorios y se han visto obligados a pescar en lugares más cercanos a la costa”.

Intereses petroleros


Desde la época del dictador Anastasio Somoza, el Gobierno nicaragüense  viene otorgando permisos o concesiones de explotación petrolera al oriente del meridiano 82: en 1964 a la Union Oil, en 1966 a la Mobil Oil, en 1965 a la Shell y en 1967 a la Chevron y sus ambiciones y proyectos petroleros en la región de la Reserva de Biosfera Seaflower han venido en crescendo. 

Según cálculos del estatal Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales (Ineter), el fallo de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) le otorgó 90.350 kilómetros cuadrados de territorio marítimo a Nicaragua, una zona, según expertos, rica en recursos pesqueros y minerales, que pronto podrían comenzar a explorarse. “Lo más probable es que van a venir unas cuantas empresas petroleras ahora con más seriedad, con más confianza a solicitar un permiso de exploración”, dijo a periodistas el ministro de Energía y Minas de Nicaragua, Emilio Rappaccioli.

Los acuerdos que se encuentran en vigor o en proceso son: El acuerdo 186 de 2006, trata de la firma de un acuerdo entre Nicaragua y la empresa Infinity Energy Resources. El 3 de abril de 2006, Nicaragua delegó al procurador general de la república para suscribir un contrato de exploración y explotación petrolera con la Empresa MKJ Exploraciones Internacionales S.A., en el acuerdo 111 de 2006, en la cuenca cercana a la Costa de Mosquitos, en un área de 4.000 Km2. Mediante el acuerdo presidencial Nº 16 de 2008, se suscribe otro contrato entre la república de Nicaragua y MKJ Exploraciones Internacionales S.A. En el 2008, se aprueba el contrato de explotación de Hidrocarburos con la empresa Infinity Energy Resources, en el área conocida como banco Tyra, en lo que Nicaragua denomina Atlántico Sur. El 10 de julio de 2013, Nicaragua firma un tratado de exploración con Repsol, aprobado en una resolución de septiembre de 2012. 

Finalmente, Ecopetrol, de Colombia, resalta el hallazgo de petróleo en aguas profundas, en un área más cercana a La Guajira. A pesar de no existir contratos accesibles en las zonas de exploración probable, por parte de Colombia, la división de bloques de concesión es una evidencia del interés por aprovechar la situación de la crisis global y abrir las puertas al offshore.

Ambos países muestran una inclinación evidente a la exploración, se muestran favorables a la incursión a pesar de que el mundo actual denota un decrecimiento sostenible, como lo llama Joan Martínez Alier, frente al descenso de las fuentes de petróleo, las consecuencias en las áreas locales, teniendo en cuenta que para el caso en partículas el área de la reserva Seaflower se vería inevitablemente afectada, puesto que no habría como protegerla en una eventual explotación. 

(Geopolítica y petróleo en el Mar Caribe: la tensión entre Colombia y Nicaragua. Ginneth Pulido Gómez, Wagner Costa Ribeiro, Universidad de São Paulo, Brasil. En Revista Geográfica, Número 60 enero-junio 2017).

Los pobladores: orígenes y cultura


Las islas de Old Providence y Santa Catalina forman parte del Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, y se encuentran ubicadas en el Mar Caribe colombiano, a más de 500 km. de la costa continental. Inicialmente, fueron colonizadas por puritanos ingleses venidos de Bermuda e Inglaterra en el siglo XVII, en un intento que se revelaría como fallido, y después en el siglo XVIII por ingleses provenientes de Jamaica (y algunos de la Mosquitia). Durante esos siglos cambiaron varias veces de manos entre Inglaterra y España, que finalmente se quedó con ellas con la firma del Tratado de Londres en 1786, y las asignó al Virreinato de la Nueva Granada (hoy Colombia), que ya las controlaba militarmente, desde 1802. Luego de la guerra de independencia contra España, y por decisión local, adhirieron a la Gran Colombia en 1822 y quedaron formando parte de Colombia después de que la Gran Colombia se disolvió tras la muerte de Bolívar.

Desde el siglo XIX, Providencia, Santa Catalina y San Andrés, mantuvieron estrechas relaciones con la costa Caribe centroamericana, desde Panamá hasta Belice, no sólo comerciales y laborales, sino, y quizá más importante, familiares y de amistad; así como relaciones, principalmente a través de las economías del algodón y, posteriormente, del coco, con los Estados Unidos. Hasta bien entrado el siglo XX, antes que el proceso de “colombianización” alterara radicalmente la dinámica de las islas, las gentes de las islas mantuvieron lazos estrechos y continuo contacto con el Caribe centroamericano y, algunos de los sectores más acomodados, con Norteamérica. Es importante recordar que hasta la firma del tratado Esguerra – Barcenas en 1928, el Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalinay las Islas del Maíz, constituían un solo conjunto de islas, pobladas por gentes con historias y culturas compartidas.  

(Véase Ana Isabel Márquez Pérez. Culturas migratorias en el Caribe colombiano: El caso de los isleños raizales de las islas de Old Providence y Santa Catalina. Revista digital de Historia y Arqueología desde el Caribe colombiano, N°19. Barranquilla, enero – abril 2013).

Al emitir su veredicto, la CIJ le confirió a Nicaragua la soberanía sobre más de la mitad del mar continental del archipiélago de San Andrés y Providencia, generando una evidente reducción del espacio para la pesca y la navegación, que afectó seriamente la economía local y llevó a una situación de descontento generalizado entre los sanandresanos. 

La actuación de los Estados se limitó al componente territorial descontextualizado, basado en una lucha por la soberanía, que no tuvo en cuenta la identidad y existencia de la población raizal como factor determinante. Por otra parte, cuanto a los recursos naturales de la zona, la CIJ manifestó que aunque las Partes argumentaron la cuestión relativa al acceso equitativo a los recursos naturales, ninguna presentó elementos que certificaran la existencia de circunstancias particulares que debieran ser consideradas como pertinentes. Lo que demuestra que no se dimensionó el valor de la conexidad de los derechos sociales, económicos, culturales, colectivos y del ambiente al momento de defender la soberanía de los Estados y en especial de la población. Una vez emitido el fallo, Nicaragua impuso control marítimo sobre la zona despojando a los raizales del producto de la pesca e incluso de los botes pesqueros que garantizaban su sustento, debido a que el interés prioritario del país centroamericano son las actividades relacionadas con la prospección y obtención de materias primas, especialmente la extracción de petróleo. 

La propuesta de la Gran Seaflower


El  12 de octubre de 2020 se hizo pública la propuesta de la sociedad civil Gran Seaflower definida como: 

Una región ambiental y cultural dentro del suroeste del Caribe habitada por una diversidad de personas e identidades étnicas transfronterizas. Además, es el lugar marino-costero con mayor biodiversidad del hemisferio occidental. Su corazón es la Reserva de la Biosfera Seaflower reconocida por la Unesco en el archipiélago de San Andrés (…).En las últimas décadas, se ha estimado que el 50% del arrecife de coral en el Mar Caribe ha desaparecido debido al cambio climático, la sobrepesca y la falta de coordinación entre países en la gestión de ecosistemas. Estas amenazas continúan destruyendo el medio ambiente marino y costero con efectos devastadores en las comunidades locales. La iniciativa Gran Seaflower, por lo tanto, busca abordar estos problemas en la región.

La iniciativa se desarrollará entre los países limítrofes de la Reserva de la Biosfera Seaflower en alianza con actores científicos, comunidades afrocaribeñas e indígenas y organizaciones de la sociedad civil involucradas en tareas de conservación y restauración. 

El manifiesto científico dirigido a los mandatarios de los distintos países involucrados dice a su vez que: 

Creemos entonces que, con la ciencia como principal aliada, los Estados del Caribe Suroccidental deben ponerse a disposición de un gran pacto ambiental para recuperar, restaurar y conservar la riqueza ecológica que, más allá de su potencia paisajística, representa el sustento económico de 7 millones de personas en estos seis países. La UNESCO ha insistido en la necesidad de crear puentes entre los ecosistemas marino-costeros para enfrentar amenazas ambientales como el blanqueamiento de corales o la sobrepesca, y como científicos reconocemos la cooperación entre Estados como una de las herramientas más efectivas para dicha tarea. Añadido a esto, la gran familia creole del Caribe y las comunidades indígenas, con presencia en los seis países en cuestión, es el testimonio vivo de varios siglos de convivencia armónica y sostenible entre el ser humano y los ecosistemas marinos de esta región. Sin embargo, esa conexión ecológica y cultural que nos arropa ha sido desconocida recientemente por los Estados, dificultando así una visión auténticamente caribeña para la cooperación en asuntos ambientales. 

Aunque en la Junta Asesora figuran varios ex presidentes, entre ellos el colombiano Ernesto Samper Pizano, los gobiernos de Colombia, Costa Rica, Honduras, Jamaica, Nicaragua y Panamá que tienen relación con la RB no han respondido o adquirido compromisos frente a esta propuesta de conservación transfronteriza de los pueblos creoles, raizales y mestizos del Caribe y de la comunidad científica, por lo que creemos podría terminar siendo un simple canto a la bandera. De otro lado, si bien loable e importante el concepto de los bienes comunes de Elinor Ostrom y la cooperación internacional es muy deseable, esto no debe ocultar ni opacar la cuestión de la soberanía territorial. Colombia no puede renunciar a sus derechos históricos sobre la RB Seaflower. Mientras hay un esfuerzo plurinacional de la sociedad civil, los gobiernos insisten en las demandas territoriales y en desmembración de la RB Seaflower, todo lo cual obrará en detrimento de su conservación y buen manejo y el buen vivir de sus habitantes. 

Reflexión: Si el huracán Eta dejó estragos a su paso por el archipiélago, mucho más lo hizo el huracán Iota que alcanzó la máxima categoría (5) especialmente en Providencia. Estos parajes lejanos como todos los departamentos limítrofes del país, tan solo llaman la atención del Gobierno Nacional, en momentos de calamidad. Esperamos que en esta ocasión además del ofrecimiento de recursos para  financiar proyectos de reconstrucción, el Gobierno esté llevando a cabo una defensa creíble frente a las demandas nicaragüenses.