Historias de la realidad o la realidad de las historias

viernes, 16 de septiembre de 2016

Un mundo polarizado e inestable: Manfred Bienefeld


Mantengo un intercambio epistolar con Manfred Bienefeld,un académico canadiense de la Universidad de Carleton, ya  retirado, experto en temas internacionales, la globalización y el desarrollo. Mi ex profesor y amigo, ha mantenido algunas tesis que se sostienen en el tiempo. Nos alerta sobre un mundo polarizado e inestable, que tiene posibilidades de conducirnos a otra gran conflagración mundial. Aquí reproduzco algunas de sus principales tesis sobre la coyuntura actual por el interés que tienen para quienes nos preocupamos por el inquietante contexto internacional.

Manfred siempre ha sostenido, en sus escritos y en sus clases,  desde mediados de los setentas, que los mercados deben estar constreñidos por regímenes sociales y políticos capaces de controlar sus tendencias centrífugas y que si a la globalización neoliberal se le permite continuar erosionando los “Estados-nación” llamados a ejercer dichas  funciones de control,  por necesidad y falta de alternativas, los ciudadanos eventualmente perderían la fe en esos estados. Y  ha advertido  que a medida  que el mundo se vuelva cada vez más incierto y conflictivo,  estos se remitirán más y más a la religión y la etnicidad, para encontrar un “lugar donde pararse”.  En resumen, Manfred, siempre ha descrito esta situación como una que recrea las condiciones de 1920, y considera que sigue siendo una metáfora útil.

Es así como, aún en el “mundo desarrollado” vemos hoy personas cada vez más distantes de sus gobiernos, cada vez más cínicas respecto del proceso político y cada vez más inconformes por sus salarios congelados, los explosivos niveles de desigualdad en el ingreso, la inseguridad económica y el continuo deterioro de los servicios públicos y de la infraestructura. De repente aún el mantra según el cual la liberalización comercial opera en beneficio del bien público, está cayendo en total descrédito, sin importar quien lo diga o cuantas veces lo repita. Como escribió Yeats alrededor de 1920, en un maravilloso poema titulado  Slowching towards Bethehem: ¡”El centro no se sostiene…los mejores han perdido toda convicción”!

En resumen, la condición para una democracia real, entendida como un sistema que permite a los ciudadanos resolver sus diferencias amigable y constructivamente sobre unas bases sólidas, está desapareciendo rápidamente en casi todas partes. Y, por supuesto, este es un proceso que se auto refuerza en la  medida en que la inestabilidad genera conflicto, el cual, a su vez, exacerba la inestabilidad.  Y en respuesta, grupos, regiones, “gentes” definidas étnicamente y “naciones” se unen para defender sus intereses, o más a menudo, para defenderse de amenazas percibidas o reales frente otros que también buscan defender sus propios intereses, según como los perciban.


En el fondo, este es el combustible que hace que la política hoy día sea tan volátil,  como  la yesca seca, los bosques y praderas asolados por las sequía que representan riesgos enormes de incendios para la gente y las comunidades. Estas condiciones en parte explican muchos de los “sorprendentes desarrollos políticos” de los últimos años: los fenómenos de Donald Trump y Bernie Sanders en Estados Unidos, el desastre de Duterte en las Filipinas, el golpe brasilero, la informe y trágica “primavera árabe” – y también Brexit y Grexit- y….?

Dice Manfred, que durante años, cuando hablaba de semejantes posibilidades, siempre advertía que si su análisis se probaba correcto, entonces algún día se encontraría parado hombro a hombro con gente que básicamente detestaba – porque para el momento en que estas presiones se tornaran tan explosivas las demandas por una mayor autonomía vendría por lo general de grupos de derecha fascistas, y esto es lo que estamos presenciando hoy día.  Es así como vivió el Brexit, con un aparte de sí esperando  que un resultado pro Brexit obstaculizara la  globalización rampante (en la que el sistema financiero británico juega un importante papel),  pero al mismo tiempo atemorizado por “la política” de las personas que estaban promoviendo la campaña a favor.

Manfred explica  que para poder comprender el cuento europeo más ampliamente hay que también entender los esfuerzos desesperados de Estados Unidos por conservar su posición geopolítica en vista de los crecientes retos. En esencia, la respuesta de Estados Unidos  ha estado guiada por un principio expuesto por primera vez en un documento estratégico del Pentágono  expuesto a  comienzos de los noventa. En respuesta a  la pregunta “cuál debe ser el principal objetivo del poderío militar de Estados Unidos en el mundo de la post  Guerra Fría?”, el documento concluyó que debería ser el de “prevenir que surja una superpotencia rival”. Como resultado,  la diplomacia norteamericana se ha enfocado en tres “potenciales rivales” - China, Rusia y Europa -. En tanto que los dos primeros han sido crecientemente demonizados y cercados por bases militares y por países en los que “hemos” alentado, financiado y apoyado fuertes movimientos nacionalistas “hostiles a Rusia y China, respectivamente”  y a menudo también alentado y validado, largas y continuas fisuras étnicas o religiosas para tal fin.

En el caso de Europa, un ostensible cercano aliado, los mismos fines han sido perseguidos, pero de una manera más subrepticia e indirecta. Por un lado, Estados Unidos apoyó decididamente la entrada de Gran Bretaña a la Unión Europea, con el propósito de convertir a Bruselas  en un propagador del neoliberalismo – cuestión que Gran Bretaña hizo durante algún tiempo-; segundo, comenzando con el desmembramiento de Yugoslavia, la OTAN fue transformada en una fuerza agresiva que uniera a Europa más estrecha y formalmente a la estrategia global estadounidense y proveyera a Estados Unidos con una base para pedir grandes incrementos  de gasto militar a sus “socios” europeos; y tercero; este propósito se ha logrado mediante el fuerte apoyo a la constante expansión del ámbito de la Unión Europea, destruyendo efectivamente  la esperanza, o más bien el sueño de que la Unión Europea pudiera algún día, convertirse efectivamente en una entidad nacional, y asegurando que ésta terminara simplemente siendo una entidad económica unificada – otra zona más de “libre comercio” en esteroides.

Todo esto “funcionaba” desde la perspectiva estadounidense, pero había oposición al interior de Europa, y la situación se ha vuelto explosiva en la medida que  el continente ha padecido al tratar de lidiar con el tsunami de los refugiados de la guerra – y económicos- generados por la simultánea desestabilización de una serie de regímenes claves del Medio Oriente. De manera que ahora hemos creado una situación en donde la guerra – una gran conflagración – se ha convertido, una vez más, en una absurda y trágica posibilidad. 

domingo, 7 de agosto de 2016

15 claves para entender el plebiscito por la paz


1. Olvídese del debate sobre el referendo
Ayer hasta las ocho de la noche se rumoraba sobre la posibilidad de que la Corte dijera que la manera correcta de refrendar el Acuerdo Final de Paz era a través de un referendo. Ese escenario quedó completamente descartado por el alto tribunal y dijo, con insistencia, que lo que el Presidente debe convocar para preguntarle al pueblo si está de acuerdo con lo logrado en La Habana, es un plebiscito especial.
2. Usted contestará una sola pregunta
De acuerdo con las reglas que establece la Constitución para convocar a un plebiscito, lo que se le tiene que preguntar a los colombianos debe estar condensado en una sola pregunta lo suficientemente bien construida como para que la respuesta sea un sí o un no.
3. Se necesitan 4.5 millones de votos
Lo aprobado por la Corte dice que para que haya un ganador, ya sea el sí o el no, se necesita que 4.5 millones de colombianos voten. Este número corresponde a un umbral del 13% del censo electoral.
4. Nada de campañas políticas
Queda rotundamente prohibido que en las campañas por el sí o por el no se incorporen contenidos de un partido o movimiento político. Tampoco está permitida la promoción ni divulgación de candidaturas de elección popular.
5. Funcionarios públicos sí, pero...
De acuerdo a lo decidido por la Corte, los funcionarios públicos sí podrán participar de las campañas por el sí o por el no pero sin tener ningún tinte político. Mientras se conocen más detalles de la ponencia final, El Espectador pudo establecer que el alto tribunal habría constatado por lo menos 127 restricciones para la participación de estas personas en el plebiscito.
6. Nada de dineros públicos
Este fue otro de los puntos que tajantemente la Corte frenó con su intervención. Queda completamente prohibido utilizar dineros públicos en la campaña por el plebiscito.
7. No es una votación en contra o a favor de la paz
Tanto en el proyecto de fallo estudiado por la Corte, como en lo decidido después de más de ocho horas de votación, es claro que el plebiscito no está convocando a los colombianos a que decidan si están de acuerdo con que en Colombia haya paz. Se trata entonces de una manera de preguntarle al pueblo si está de acuerdo con una decisión política que en este caso es el Acuerdo Final que el Presidente logre firmar en La Habana.
8. ¿Qué significa que sólo sea vinculante para el Presidente?
En palabras sencillas, significa que los resultados de la votación solo afectarán las decisiones del Presidente pues él es quien está poniendo a votación una decisión política propia. Entonces: si gana el sí, el mandatario podrá, sin ningún problema, incorporar el Acuerdo Final en la Constitución por medio de proyectos de ley o actos legislativos.
9. ¿Y si gana el no?
Ni Presidente, ni ningún ente gubernamental, podrían incorporar lo aprobado en La Habana dentro de la Constitución.
10. ¿Pero entonces si gana el no se caería el acuerdo?
No. Según la Corte Constitucional, el carácter vinculante solo atañe al Presidente. Por eso, el Congreso, por ejemplo, podría encargarse de que el acuerdo no muera. Además, no se descarta tampoco la posibilidad de que, por medio de un acto legislativo, se le devuelvan las facultades al mandatario para que él mismo lo haga.
11. Usted sabrá con detalles qué se logró en La Habana antes de votar
Una de las reglas fundamentales que debe cumplir el Presidente para convocar a un plebiscito es que se debe publicar la totalidad del Acuerdo Final para que, por lo menos un mes antes de la votación, los colombianos puedan saber por qué están votando. Además, la Corte Constitucional dijo que es esencial que para que esta norma se cumpla, el acuerdo sea traducido a idiomas diferentes al español y que además sea entendible para las personas en condición de discapacidad.
12. ¿Y si no se cumple el umbral?
Con respecto a estar pregunta, la Corte Constitucional no se pronunció. Sin embargo, la Constitución dice que cuando en una votación no se cumple el umbral pactado, se cae la convocatoria. Es decir, el plebiscito fracasaría.
13. ¿Quién puede votar?
Todos los colombianos que tengan inscrita su cédula en los puntos de votación que se instalarán en todo el país. Además, quienes vivan en el exterior podrán acercarse a los centros que organice cada consulado para inscribirse y participar.
14. ¿Qué reglas tiene la difusión de las campañas por el sí y por el no en medios de comunicación?
La Corte es clara en ordenar que la transmisión debe ser exclusivamente para la divulgación del contenido del Acuerdo Final y no para su promoción. Por eso, lo que se trasmita no puede tener cargas valorativas ni estratégicas que incidan en los votantes. Además, la información deberá ser veraz e imparcial. Estas campañas solo podrán trasmitirse después de que el Congreso apruebe la convocatoria para el plebiscito.
15. ¿Cómo se hace la convocatoria?
El presidente deberá presentarle un informe al Congreso con el contenido completo del Acuerdo Final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera. El mismo día que haga esta presentación, deberá expresarles formalmente a los congresistas su deseo de convocar un plebiscito para preguntarle a los ciudadanos si están de acuerdo o no con lo pactado en La Habana.


miércoles, 27 de julio de 2016

Plebiscito: sí a la paz




Los puntos pactados en la Habana no son producto de un diálogo nacional como en épocas de Belisario Betancur. Corresponden a lo acordado hasta ahora entre las partes en conflicto: las Farc, como guerrilla beligerante y el Gobierno de Santos, en representación del Estado. Estos puntos tampoco constituyen un cambio sustancial al modelo de desarrollo o al sistema político imperante, pero sí representan unas reformas lo suficientemente importantes como para que las FARC acepten poner fin a su alzamiento armando, que ha asolado a los colombianos por ya más de medio siglo, y esto es lo que verdaderamente importa.



La pedagogía para la paz apenas comienza. Pocos conocen el contenido de lo acordado y muchos se dejan llevar por el corazón más que por la razón, lo cual es comprensible pero errado. No obstante, el proceso ha avanzado lo suficiente como para que luego de conversar por más de tres años en medio del conflicto, se haya pactado el punto crucial sobre cese al fuego bilateral y definitivo, lucha contra el paramilitarismo y refrendación, o sea la antesala de la dejación de armas y el fin del conflicto.



Se estableció que serán 23 las zonas veredales transitorias de normalización, en las cuales se ubicarán ocho campamentos. Los guerrilleros estarán ubicados hasta por un periodo de 180 días (6 meses), luego de la firma del acuerdo final, mientras se realizan labores de capacitación y tránsito a la vida civil en los campamentos y se realiza la entrega total de las armas de las Farc para su fundición y construcción de tres monumentos que simbolizarán el fin del conflicto. Esto se ha logrado gracias a que se han enmendado muchos errores del pasado y, por primera vez en un proceso de paz, se ve luz al final del túnel y la posibilidad de tener una Colombia sin guerrilla, más apaciguada y más próspera.



Hay que darle el sí a la paz porque es la única salida viable que tiene el país. Un repaso de los acuerdos hasta ahora logrados, permitirá confirmar que ellos son positivos y que el fin último de las conversaciones en la Habana es la dejación de las armas por parte de las Farc y eso es lo que en últimas cuenta de verdad: la posibilidad de que las diferencias y contradicciones se diriman en el plano político y no en el militar, así muchas de ellas persistan, ya que el conflicto es la norma y no la excepción en las sociedades contemporáneas agobiadas por la globalización neoliberal.



La política de Desarrollo Agrario Integral es algo necesario en un país con un campo quebrado por la apertura económica y con poca o nula intervención institucional. Se acordó una reforma rural integral para mejorar las condiciones de vida de los habitantes del campo, eliminar la pobreza, reactivar la economía campesina, cerrar la frontera agrícola, conservar el medio ambiente y crear zonas de seguridad alimentaria.



El punto dos sobre participación política y apertura democrática es algo que siempre ha acompañado todos los procesos de paz exitosos en el mundo. Nada mal caerían al país la tan anhelada reforma electoral o la de los partidos políticos para que se elimine el umbral del 3% para obtener la personería jurídica y que exista un verdadero estatuto de oposición.



La guerra contra las drogas, siguiendo los dictámenes de Washington, no ha arrojado resultados positivos en décadas de ruda represión. Ya va siendo hora de que se impulse un cambio de rumbo hacia un enfoque de salud pública del consumo y un modelo donde la víctima principal de la represión no sea el campesinado y se impulse un verdadero programa de sustitución de cultivos ilícitos, como lo estipula el punto cuarto del acuerdo.



El punto quinto sobre víctimas es medular. En el pasado se tuvo una visión maximalista de creer que se podían judicializar todos los delitos relacionados con el conflicto armado y se tenía una jurisprudencia dispersa e inoperante. Ahora se entiende que hay que reparar administrativamente a las víctimas y no dejar todo al sistema judicial. Cinco mecanismos y medidas integran el Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y no Repetición que busca lograr la satisfacción de los derechos de las víctimas, asegurar la rendición de cuentas por los crímenes cometidos, garantizar la seguridad jurídica, la convivencia, la reconciliación y sobre todo la no repetición, como elementos sustanciales de la transición hacia la paz.



No se va a dar impunidad por los crímenes de lesa humanidad como muchos temían y para ello se establecerá una Jurisdicción Especial para la Paz que busca ante todo satisfacer el derecho de las víctimas a la justicia, luchar contra la impunidad y facilitar que el Estado investigue juzgue y sancione. Además para acceder a cualquier tratamiento especial de justicia será necesarios contribuir a la verdad, la reparación y la no repetición, de allí que cualquier mejor tratamiento penal especial está condicionado a reconocer, desde el inicio, la responsabilidad.



Ahora, y gracias al concepto favorable de la Corte, se convocará a la ciudadanía a un plebiscito para que decida si el Presidente puede o no proceder a impulsar las anteriores reformas, y se de vía libre a la paz, una vez se suscriba el acuerdo final. La decisión favorable de la Corte Constitucional se da en un momento en que el escepticismo y también el odio embarga aún a un gran número de compatriotas, muchos de ellos víctimas directas o indirectas de crímenes cometidos por las Farc. La invitación es a desarmar los espíritus, pues si se mantiene el ánimo beligerante y exigencias al proceso que no tienen piso en la realidad no lograremos nunca avanzar hacia una Colombia en paz.



Con la firma del acuerdo final, vendrá una larga etapa que muchos llaman de postconflicto y de transición hacia la verdadera paz. Según el Alto Comisionado para la Paz, Sergio Jaramillo, con la firma del Acuerdo se logra el fin del conflicto y no la paz. Luego viene el logro de la paz territorial que se basa en otorgar garantías a todos los derechos constitucionales de las poblaciones y en reincorporar los bienes y servicios a todo el territorio nacional.



La paz perdurable dependerá en gran medida de la voluntad política del Gobierno Nacional para realizar las transformaciones que requiere el país pero también de la seriedad de las Farc en su compromiso de no repetición una vez abandonen las armas pero también necesitamos serenarnos, mantener un espíritu de reconciliación para poder afrontar exitosamente los no pocos retos que le esperan al país. El pulso militar tuvo un costo muy alto, lo suficiente como para persuadir a las partes en conflicto de que éste no traería vencedores ni vencidos y de que la solución política o dialogada es la única salida viable en las actuales circunstancias. Démosle una oportunidad a la paz en Colombia.

viernes, 8 de julio de 2016

Brexit: un duro revés para la globalización neoliberal



El sorpresivo voto de los británicos del 23 de junio en favor del Brexit, más allá de la turbulencia  inicial causada en los mercados financieros y  el desbarajuste en los partidos en Gran Bretaña representa ante todo una debacle para el proyecto de la globalización neoliberal. La  dirigencia financiera y política del mundo, incluida la británica, predicó durante décadas que la globalización es inevitable y que el mundo se beneficiaría con  ceder la soberanía nacional para integrarse económica y financieramente derribando paulatinamente toda barrera entre los países.  No obstante,  el voto de rechazo a la Unión Europea amerita un análisis  sobre si las premisas básicas de la globalización se cumplieron  o no en el caso de la Unión Europea. Si bien la globalización trajo sus beneficios, sus promesas de un mundo de bienestar  no se han sostenido  en el tiempo.
Los ganadores de la globalización han sido las corporaciones multinacionales, los sectores más acomodados, los trabajadores de cuellos blanco y quienes han tenido libre acceso a los capitales. Las personas mayores desempleadas, las clases trabajadoras menos educadas de los países occidentales han tenido que padecer la pérdida de trabajos, unos salarios estancados o decrecientes y  una deuda acumulada.  La evidencia muestra que la desigualdad en el  ingreso ha sido peor en los países que han abrazado el neoliberalismo.  El malestar frente a las políticas neoliberales se ha expresado en el  rechazo de las capas medias y bajas a los partidos de izquierda y socialdemócratas que han apoyado a la Unión Europea y que se ha alinderado con la agenda neoliberal y la ofensiva corporativa. 
La crisis económica y financiera que comenzó en Estados Unidos en 2008 y se extendió al viejo continente para constituir la crisis de la eurozona,  no ha podido ser mitigada por una Unión Europea dominada por los intereses financieros y económicos de Alemania y Bruselas. A los países del Sur de Europa  les impuso programas de austeridad que han resultado contraproducentes y a la fecha no  parecen ver la luz al final del túnel.  A pesar de la integración económica y comercial, la desigualdad entre las economías persiste  y la integración política y cultural, ha estado siempre ausente. Los países más perjudicados, entre los que se encuentra España, son los que se sienten más distanciados del proyecto común.
El fantasma de los refugiados provenientes de los países en conflicto asiáticos  y los migrantes de Europa Oriental recorre a Europa, y el temor xenófobo alimenta el surgimiento de movimientos populistas de derecha, nacionalistas y proteccionistas pero este fenómeno solo en parte explica el voto a favor del Brexit. 
Los medios y el establecimiento han pretendido explicar el resultado del referéndum como parte del atraso cultural de los sectores populares, como producto de un chauvinismo antiinmigrante que debe ser cuestionado. No obstante, no todo el que votó es xenófobo. Es más probable que la crisis austeridad/desempleo, para satisfacer a la plutocracia bancaria de Frankfurt y la City, haya tenido más que ver en la decisión de salir de la UE. El voto Brexit fue  más fuerte en el centro del país donde está su base trabajadora e industrial. Los que prefirieron quedarse, correspondían a la clase no trabajadora del área de Londres y el Sur de Inglaterra, al igual que Escocia y el Norte de Irlanda. Escocia ha dependido de las exportaciones de petróleo a la UE y está altamente ligada al comercio. La economía del norte de Irlanda está ligada a Escocia y  al la economía de la UE. De manera que su voto no era sorpresivo.  Igualmente los efectos de la inmigración se sentía menos en estas regiones que en el corazón de la zona industrial inglesa.
El balance negativo parece ser más el  resultado de la agenda neoliberal impulsada por Tony Blair y David Cameron que condujo a la desindustrialización del país, arrojando un saldo negativo en la balanza en cuenta corriente de la balanza de pagos equivalente a más de 7 por ciento del PIB y que se debe  financiar con flujos de capital del extranjero. El desequilibrio de las cuentas externas del Reino Unido se traduce en los sentimientos que impulsaron el voto por el Brexit especialmente de las clases trabajadoras que son las que más han perdido con la globalización, son compartidos por otros sectores tanto en Europa como en Estados Unidos y pueden alentar nuevos movimientos secesionistas. Sin la amenaza de una Unión Soviética comunista, Europa está más dispuesta a regresar al nacionalismo. 
La UE había nacido de las cenizas de dos guerras mundiales, y la unión de 28 países se pensó como una manera de actuar en bloque para poder competir en un mundo que gira cada vez más en torno a Estados Unidos y China, las dos economías más grandes del mundo. Si con el Reino Unido en sus filas la UE no era más que un bloque debilitado, con los británicos afuera su gravitación global disminuye aún más frente a China, Rusia y los nuevos centros de poder internacional
El Brexit ha alterado el mercado financiero mundial y determinado la devaluación de la libra y algunos prevén una posible recesión que podría extender al resto de Europa. Políticamente ha desintegrado a los partidos políticos de Gran Bretaña.  La UE pierde a la segunda economía y al segundo país en población, lo que debilita a una Europa cuyo proyecto integracionista dejo de ser democrático  e igualitario para plegarse a los intereses corporativos. El  Brexit marca un duro revés a la globalización neoliberal y parecería que el Estado-nación vuelve a ser un eje fundamental para la gobernabilidad de un mundo cada vez más conectado e interdependiente.  Falta ver si la OTAN también se debilita o sucumbe, lo cual sería también un duro golpe a Estados Unidos y sus ambiciones guerreristas.

jueves, 30 de junio de 2016

Mea culpa del FMI



Es por todos sabido que el FMI es el odioso gendarme que hace cumplir la receta neoliberal sin importar su costo: ha impuesto sin ningún miramiento programas de austeridad a los países deudores y promovido el libre flujo de capitales por doquier. Ahora se pregunta, en  un paper de junio de 2016 publicado por el Departamento de Investigaciones, si el neoliberalismo no se sobre vendió, especialmente en estos dos importantes aspectos.

Obviamente que la mea culpa del FMI  no incluye todo el paquete neoliberal, pues siguen pensando que de todas maneras las reformas de libre mercado  y la reducción del Estado fueron ideas buenas.

Los tres autores: Jonathan D. Ostry, Prakash Loungani, y  Davide Furceri sostienen que tanto la remoción de restricciones a los movimiento de capitales entre países o la llamada liberalización de la cuenta de capitales como la consolidación fiscal, mejor conocida como “austeridad”,  no han arrojado los resultados esperados. En primer lugar, en cuanto al crecimiento sostenido los beneficios obtenidos son dudosos cuando se examina un grupo amplio de países y los costos en términos de una mayor desigualdad han sido altos. El aumento en la desigualdad afecta el nivel de sostenibilidad del crecimiento y aunque esta fuera el único propósito de la agenda neoliberal, sus defensores tienen que ponerle atención a sus efectos en la distribución del ingreso.

En efecto, la relación entre mayores flujos de capital y crecimiento es dudosa. Todo depende. Hay flujos de capital como lo especulativos de corto plazo que no traen nada bueno. Los estudios demuestran que se han producido unos 150 aumentos repentinos de flujos de capital en unos 50 países emergentes desde 1980, cuando comenzó la liberalización, y en un 20% de los casos han terminado en crisis financieras. Tan es así, que muchos líderes del mundo aceptan cada vez más los controles de capital para frenar los flujos especulativos de corto plazo que pueden causar estas crisis.

Reducir el tamaño del Estado mediante la privatización de algunas de sus funciones o recortando el gasto público y el tamaño del déficit fiscal, es el otro aspecto crucial de la agenda neoliberal.  Hay muchos ejemplos de ello como el límite de la deuda del  60% del PIB exigido como requisito para que un país pueda acceder a la euro zona (criterio de Maastricht). Pero los autores se preguntan si este tipo de reglas se justifican en países con amplia solvencia económica. Y yo agregaría que para los no tan solventes también.

Es más, tanto la apertura como la austeridad están asociadas con un incremento en la desigualdad del ingreso y este efecto en la distribución dispara una curva adversa de retroalimentación, al punto que puede frenar el crecimiento mismo.

Irónicamente, los autores dicen que ante semejantes resultados, el FMI ha estado al frente “reconsiderando” las políticas neoliberales en particular la liberalización financiera y la drástica austeridad, y menciona algunas declaraciones hechas por voceros del Fondo  en años recientes.

También  replantean el emblemático caso de Chile ya no como el mayor éxito del paradigma neoliberal sino como dice Joseph Stiglitz “un ejemplo de un éxito que combina los mercados con una apropiada regulación”. Anota Stiglitz que en los primeros años de su transición hacia el neoliberalismo, Chile impuso controles sobre los flujos de capital, para que no la inundaran, lo que sugiere que ninguna agenda rígida arroja buenos resultados para todos los países en todos los tiempos. Concluyen diciendo que los líderes y las instituciones como el FMI que los asesoran, deben guiarse no por la fe sino por la evidencia de lo que ha funcionado.








viernes, 10 de junio de 2016

La realidad detrás de la democratización de la moda


Querámoslo o no la moda está presente en nuestras vidas. Nuestra apariencia hace parte de nuestra identidad, y nuestra forma de vestir es parte de ella y está necesariamente  influenciada por la moda, moda que ahora es global, homogenizada por  una industria  multinacional que se ha adaptado al cambio, flexibilizándose y desplazando su producción al tercer mundo.
Ya no ocurre que la moda la impongan exclusivamente los grandes modistos y que esta se transmita de las clases altas a las bajas mediante la imitación.  La moda en el pasado estuvo siempre identificada con la movilidad social. Quizás el primer paso lo dio  la diseñadora francesa Coco Chanel, quien sacó muchas de sus ideas icónicas del pueblo. Produjo una ruptura con la opulenta y poco práctica elegancia de la Belle Époque y creó una línea de ropa informal, sencilla y cómoda. Vestía a las mujeres de clase alta con camisetas a rayas inspirada por los marineros franceses,  camelias que las utilizaban las sirvientas británicas, perlas que eran solamente populares en Rusia y con sus famosos trajes de tweed con chaqueta ribeteada.  Pero lo verdaderamente revolucionario fue que sus diseños dejaron de ser  exclusivos de la alta costura para popularizarse en las calles.  Una de sus frases más famosas dice: Una moda que no llega a las calles no es una moda.
Desde la revolución de los cincuentas con el prête-à-porter o el ready to wear (listo para llevar) se empezó a democratizar la moda. Las marcas como Christian Dior, Armani,  Calvin Klein que habían sido exclusivas, se pusieron al alcance de una clientela mucho más amplia. Costureros y diseñadores dejaron de trabajar exclusivamente para la alta sociedad, ahora lo hacen en función de una gran masa de consumidores que aman sus productos que se venden en tiendas de cadena, presentes en forma similar en  los Malls de cualquier ciudad del mundo.  El resultado es la homogenización en la forma de vestir, con prendas más baratas y asequibles para todos, una moda cómoda y fácil de llevar.  La diferencia en la identidad de clase en el vestir está ahora principalmente en la calidad de los materiales y en algunos detalles de diseño.
Se dejaron atrás los valores y tradiciones, de manera que un joven de África viste la misma camiseta GAP o Levi's que alguien más luce en Francia o en Colombia. Con la emergencia de las marcas de cadena, se fragmentó el gusto en la moda. Las preferencias de los consumidores se comunica gracias los equipos de informadores que  observan a los potenciales clientes en distintos sitios y por la información que transmiten los vendedores de las tiendas. Ahora la mayoría somos iguales en el vestir. La excepción son las subculturas o tribus urbanas como muchos la llaman: están los skinheads, hippies, góticos, punk, floggers, tecno, metal, todas las cuales intentan rescatar una identidad original y propia.
Pero la democratización de la moda ha tenido un alto costo social. Para poderse adaptar al constante flujo de nuevas tendencias, y a la despiadada competencia, la industria de las  confecciones se ha relocalizado en países del tercer mundo, donde los trabajadores, principalmente mujeres, trabajan en maquiladoras y empresas unipersonales bajo terribles condiciones laborales.
La ropa de marca nos conecta automáticamente con muchos lugares globalmente. La ropa no la fabrica la marca en su país de origen,  está hecha en lugares insalubres y peligrosos,  con bajos costos laborales, en largas jornadas de trabajo, por trabajadores pagados a destajo y sin contrato. Esto es a lo que los economistas se refieren como la flexibilización laboral.
Para reducir costos, las empresas subcontratan gran parte de la costura e incluso el corte a maquilas en países como México, China, Tailandia, Rumania y Vietnam, donde la pobreza es alta y los salarios paupérrimos y donde los gobiernos ofrecen toda suerte de garantías a la inversión extranjera. En Colombia son ejemplo de ello las maquilas de Medellín e Ibagué. También se ubican en ciudades donde se concentran los necesitados inmigrantes. 
Anteriormente el comercio textil y de prendas de vestir se regía por tratados multilaterales que designaban cuotas de importación de textiles y prendas de vestir a los países, pero a partir de 2005 se eliminaron para entrar al libre comercio total favoreciendo  principalmente a China que hoy domina alredor del 50% del mercado mundial de textiles y confecciones.
Un ejemplo de cómo opera la globalización en este lucrativo negocio, es el grupo Inditex,  el tercero a nivel mundial, que cobija varias marcas a la vez: Zara, Pull &Bear, Massimo Dutti, Bershka, Stradivarius, Oysho, Zara Home, Kiddy’s Class y Uterqüeo.  El grupo está compuesto por cerca de 150 sociedades en 30 países. El diseño se realiza en la sede española y la manufactura se subcontrata. El 59% de los trajes se confecciona en Europa, el 23% en Asia y el 12% en Europa del Este y el 3% en el resto del mundo.  Sólo distribuye sus productos a través de sus propias tiendas (2.300 en 56 países).
El éxito de esta multimillonaria empresa radica en  la creación de un centro logístico en Arteijo, (La Coruña, España), informatizado, que comunica la sede central del holding con cada uno de sus puntos de venta en el mundo, de tal manera que  flexibiliza la producción en la medida en que posibilita reponer el producto consumido –tallas, colores, patrones-, introducir en fábrica las modificaciones que dicta cada mercado específico y conocer, además, en tiempo real la facturación de cada uno de esos puntos. Lo que se busca es suministrar las prendas Justo a Tiempo  (just in time) haciendo competitiva a la empresa, al ser capaz de entregar la cantidad y variedad exactas en el mercado deseado. La circulación de las prendas y diseños es extremadamente rápida y se adapta a la moda del momento con suma facilidad, pues se espera que los clientes cambien de forma de vestir y de estilo con cada temporada o estación. 






sábado, 4 de junio de 2016

La Nueva era del monopolio



Joseph E. Stiglitz

El Espectador


27 Mayo 2016 - 9:50 pm



Durante 200 años, ha habido dos escuelas de pensamiento sobre qué es lo que determina la distribución de los ingresos –y sobre cómo funciona la economía. Una, que surge de los pensamientos de Adam Smith y los economistas liberales del siglo XIX, se centra en los mercados competitivos.

La otra —consciente de la forma como el liberalismo de Smith conduce a una rápida concentración de la riqueza y el ingreso— toma como punto de partida la tendencia sin restricciones que tienen los mercados para dirigirse hacia el monopolio. Es importante entender ambas escuelas debido a que nuestros puntos de vista sobre las políticas gubernamentales y las desigualdades existentes se moldean según cuál de las dos escuelas de pensamiento cada uno de nosotros cree que es la que proporciona una mejor descripción de la realidad.

Para los liberales del siglo XIX, y para sus acólitos de estos últimos días, debido a que los mercados son competitivos, los rendimientos que reciben los individuos se relacionan con sus contribuciones sociales –con su “producto marginal”, en el lenguaje de los economistas. Los capitalistas son recompensados ​​por ahorrar en lugar de consumir –por su abstinencia, en palabras de Nassau Senior, uno de mis predecesores en la Cátedra Drummond de Economía Política en la Universidad de Oxford. Las diferencias en los ingresos en aquel entonces se relacionaban con la propiedad de los “activos” –capital humano y financiero. Los académicos que estudiaban la desigualdad, por lo tanto, se centraban en los factores determinantes de la distribución de los activos, incluyendo cómo estos se transmitían de generación en generación.


La segunda escuela de pensamiento toma como punto de partida “el poder”, incluyendo la capacidad para ejercer control monopólico o, en el caso de los mercados de trabajo, para hacer valer la autoridad sobre los trabajadores. Los académicos en esta área se han centrado en lo que da lugar al poder, cómo se mantiene y cómo se fortalece, y otras características que pudiesen impedir que los mercados sean competitivos. El trabajo sobre la explotación que emerge de las asimetrías de información es un ejemplo importante.

En Occidente, en la época posterior a la Segunda Guerra Mundial, la escuela liberal de pensamiento fue la escuela dominante. No obstante, a medida que la desigualdad se ampliaba y las preocupaciones sobre la misma crecían, esta escuela basada en la competencia y que visualiza los rendimientos individuales en términos de producto marginal, pierde cada vez más su capacidad para explicar cómo funciona la economía. Por lo tanto, hoy en día, la segunda escuela de pensamiento se encuentra en ascenso.

Al fin de cuentas, los grandes bonos que se pagaron a los directores ejecutivos cuando ellos conducían a sus empresas a la ruina y a la economía al borde del colapso son difíciles de conciliar con la creencia de que los pagos que reciben los individuos tienen algo que ver con su contribución social. Por supuesto, históricamente, la opresión de grandes grupos –esclavos, mujeres y minorías de diversos tipos– se presentan como casos evidentes en los que las desigualdades son el resultado de las relaciones de poder, y no de los rendimientos marginales.

En la economía de hoy, muchos sectores –telecomunicaciones, televisión por cable, buscadores digitales, seguros de salud, productos farmacéuticos, agronegocios y muchos más– no se pueden entender mirándolos a través de la lente de la competencia. En estos sectores, la competencia que existe es oligopólica, no es la competencia “pura” que se describe en los libros de texto. Se puede definir a unos pocos sectores como sectores “tomadores de precios”; las empresas son tan pequeñas que no tienen ningún efecto sobre el precio de mercado. La agricultura es el ejemplo más claro, pero la intervención gubernamental en el sector es enorme, y los precios no se establecen, primordialmente, a través de las fuerzas del mercado

El Consejo de Asesores Económicos (CEA) del presidente estadounidense Barack Obama, dirigido por Jason Furman, ha intentado calcular la magnitud del aumento en la concentración de mercado y algunas de sus implicaciones. En la mayoría de las industrias, de acuerdo con el CEA, las métricas estándar muestran grandes –y en algunos casos, dramáticos– aumentos en la concentración de mercado. El porcentaje de participación en el mercado de los depósitos de los diez primeros bancos, por ejemplo, aumentó de un nivel aproximado del 20% al 50% en tan sólo 30 años, entre 1980 y 2010.



Parte del aumento en el poder de mercado viene como resultado de cambios en la tecnología y la estructura económica: considere las economías en red y el crecimiento de las industrias del sector de servicios a nivel local. Una parte de dicho aumento de poder se debe a que las empresas –Microsoft y las compañías farmacéuticas son buenos ejemplos– han aprendido de mejor manera la forma de erigir y mantener barreras de ingreso, a menudo con el apoyo de fuerzas políticas conservadoras que justifican la laxa imposición de legislación antimonopólica y el fracaso en la imposición de limitaciones al poder de mercado basándose en el razonamiento que indica que los mercados son competitivos “naturalmente”. Otra parte del mencionado aumento refleja el abuso descarado y el apalancamiento de dicho poder de mercado a través de procesos políticos: los grandes bancos, por ejemplo, presionaron al Congreso de Estados Unidos mediante acciones de lobby para que modifique o derogue legislación que separa la banca comercial de otras áreas de las finanzas.

Las consecuencias se pueden evidenciar en los datos, que muestran un aumento de la desigualdad en todos los niveles, no sólo a lo largo del espectro de los individuos, sino también a lo largo y ancho de las empresas. El informe del CEA señaló que “las empresas que están en el 90 percentil ven rendimientos sobre sus inversiones en capital que son más de cinco veces la mediana. Este ratio estaba más próximo a dos veces la mediana sólo hace un cuarto de siglo atrás”.

Joseph Schumpeter, uno de los grandes economistas del siglo XX, argumentó que uno no debe preocuparse por el poder del monopolio: los monopolios sólo llegarían a ser temporales. Se daría una feroz competencia por el mercado y esta competencia sustituiría la competencia en el mercado y se garantizaría que los precios se mantuvieran competitivos.

Mi propio trabajo teórico ya tiempo atrás mostró los defectos en el análisis de Schumpeter, y ahora los resultados empíricos proporcionan una fuerte confirmación. Los mercados de hoy en día se caracterizan por la persistencia de elevadas ganancias monopolistas.

Las implicaciones de esto son profundas. Muchas de las suposiciones acerca de la economía de mercado se basan en la aceptación del modelo competitivo, con rendimientos marginales conmensurados a las contribuciones sociales. Este punto de vista ha dado lugar a dudas acerca de la intervención oficial: si los mercados son fundamentalmente eficientes y justos, es poco lo que incluso el mejor de los gobiernos podría hacer para mejorar la situación. Pero si los mercados se basan en la explotación, la lógica que justifica una actitud laissez-faire desaparece. En efecto, en ese caso, la batalla contra el poder atrincherado no sólo es una batalla por la democracia, sino también por la eficiencia y la prosperidad compartida.


* Premio Nobel de Economía 2001

© Project Syndicate 1995–2016