Historias de la realidad o la realidad de las historias

sábado, 9 de abril de 2016

La desindustrialización prematura y sus consecuencias políticas



Que los sectores manufactureros de los países avanzados pierdan peso como generadores de empleo frente a otros sectores como los servicios cuando llegan a cierto grado de desarrollo y avance tecnológico no es un hecho sorprendente,es el resultado esperado de los cambios estructurales propios del capitalismo. Pero que los países en desarrollo de América Latina, África y parte de Asia se estén desindustrializando prematuramente -con excepción de China y los Tigres Asiáticos-, antes de lograr un ingreso per capita similar a los de los países ricos, es una verdadera calamidad. En estos países es ostensible tanto la caída del empleo sectorial respecto al empleo total como la disminución de la participación relativa de la industria en el valor agregado nacional. El economista turco de la Universidad de Harvard, Dani Rodrik, analiza este fenómeno en un estudio de febrero de 2015 titulado PrematureDeindustrialization.



En los Estados Unidos, por ejemplo, la industria manufacturera empleaba menos del 3% de la fuerza de trabajo al comienzo del siglo diecinueve, luego de llegar a un pico del 25-27% en el segundo tercio del siglo veinte, la desindustrialización se instala, absorbiendo menos del 10% de la fuerza de trabajo en años recientes. Este ciclo se explica en los países ricos principalmente por el avance tecnológico en las manufacturas, pues la productividad crece más rápidamente que en otros sectores de la economía desplazando mano de obra, pero su valor agregado permanece más o menos estable.



La industrialización en Europa y Norteamérica fue determinante en la creación de Estados modernos y democracias liberales, propulsó la urbanización, el desarrollo de los estados de bienestar, la aparición de una clase obrera organizada y fuerte pero también de la clase capitalista. Ahora se ha abierto paso una sociedad postindustrial donde los sectores de servicios y financiero son los dominantes.



Dice Dani Rodrik que lo nuevo es que los países en desarrollo se están convirtiendo a los servicios sin haber atravesado por un proceso de industrialización consolidado por culpa de la globalización neoliberal:

En la medida en que los países en desarrollo se abrieron a la competencia internacional, sus sectores de manufacturas fueron golpeados por doble vía. Aquellos países que no tenían una ventaja comparativa en el sector se convirtieron en importadores netos de manufacturas, revirtiendo el largo proceso de substitución de importaciones. Al mismo tiempo, se convirtieron en “importadores” de la desindustrialización ya que la caída de los precios relativos de las manufacturas de los países avanzados empujó a la baja los precios de las manufacturas en todo el mundo, incluidos los de los países que no han tenido mayores desarrollos tecnológicos. Este resultado es consistente con la fuerte reducción de la participación sectorial en el empleo y en el valor agregado total, especialmente en las economías que no se especializan en este sector.



En efecto, la desindustrializacion del país es una constante desde los años 80, que se agudiza con la Apertura Económica de principios de los noventa - la cual  llevó al país a una recesión en 1999- y la firma de tratados de libre comercio. La relación Valor Agregado Industrial/PIB ha venido descendiendo del 24% hace tres décadas, a un 15% hace una década y a tan sólo un 9% ó 12% en dicha relación en el período 2012-2020.



En términos de generación de empleo, la industria aportaba cerca del 25% del total del empleo hace 30 años, el 23% hace diez, y actualmente el 13%, según cifras del excodirector del Banco de la República Sergio Clavijo.



El economista Eduardo Sarmiento Palacio repite como una letanía en sus columnas de El Espectador que:

"Al desmonte arancelario, se agregaron el banco central autónomo y la inversión extranjera, para inducir una estructura productiva dominada por la minería que no genera empleo, los servicios que están representados principalmente en el sector informal y la agricultura tropical que carece de demanda. El país cosecho lo que sembró. Se configuró un modelo modesto de crecimiento, elevado desempleo e informalidad y declive de los ingresos del trabajo con respecto al capital".



Actualmente, la suma de exportaciones de commodities, principalmente petróleo y de bienes agrícolas (poco elaborados), representan casi un 80% del total exportado, incluyendo el mercado de Estados Unidos. Mientras el crecimiento promedio del PIB entre 2000 y 2014 fue 4,2% anual, el PIB industrial apenas creció 0,2%, mostrando un evidente rezago, las importaciones más que duplican las exportaciones; el consumo adquirido en el exterior, es superior al valor agregado nacional. La productividad del sector no llega a la mitad de la de Estados Unidos.



La ausencia de una industria desarrollada en las sociedades como la nuestra pueden muy bien ser una fuente de inestabilidad política, estados fallidos o frágiles y regímenes populistas o dictatoriales. 

Argumenta Dani Rodrik, que la industrialización favorece la participación política. La presencia de partidos políticos fuertes y sindicatos de masas basados en la solidaridad de clase proveen un fuerte contrapeso en una democracia capitalista. 

La política se ve muy distinta si la producción urbana se organiza mayormente en torno a la informalidad, a un difuso conglomerado de pequeñas empresas y servicios. Bajo esta situación, los intereses comunes entre los grupos no elitistas son más difíciles de definir, la organización política enfrenta mayores obstáculos y las identidades personalistas y étnicas priman sobre la solidaridad de clase.



La oposición es bastante frágil y dispersa sin una clase obrera organizada según la visión marxista. Hoy día, los nuevos movimientos sociales antiglobalización son movimientos que atacan un solo problema, sin un sustento de clase. No es claro cómo pueden llenar las imaginadas comunidades étnicas, religiosas, de género, de estilo de vida y otras identidades colectivas el vacío dejado por el retroceso de las viejas ideologías de la izquierda socialista. A diferencia del pasado, donde la confrontación se daba entre el patrón y el obrero, los protagonistas de la protesta hoy vive casi en la ilegalidad, con desesperada necesidad de formas mínimas de organización. Se trata de una población compuesta por trabajadores marginados, empleados públicos cesantes, ex campesinos, informales, trabajadores por cuenta propia y desempleados.



Las élites no enfrentan actores políticos que legítimamente representen los intereses de mayorías obreras que puedan hacer compromisos reales en su nombre. La clase dirigente puede preferir, y tienen la habilidad de dividir para gobernar, de manera populista y clientelista incluso enfrentando a los grupos elitistas unos contra otros. Aunque la democracia formal existe en la mayoría de países, como nunca antes, una mirada cuidadosa, arroja constantes violaciones a los Derechos Humanos y un descontento que a menuda resulta en protestas callejeros y paros. Es decir, se pierde por completo la cohesión social.



Aunque estas son simples hipótesis, si miramos la realidad en un mundo globalizado, ella no se aleja demasiado de este diagnóstico.

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