Que
los sectores manufactureros de los países avanzados pierdan peso
como generadores de empleo frente a otros sectores como los servicios
cuando llegan a cierto grado de desarrollo y avance tecnológico no
es un hecho sorprendente,es el resultado esperado de los
cambios estructurales propios del capitalismo. Pero que los países
en desarrollo de América Latina, África y parte de Asia se estén
desindustrializando prematuramente -con excepción de China y los
Tigres Asiáticos-, antes de lograr un ingreso per capita similar a
los de los países ricos, es una verdadera calamidad. En estos
países es ostensible tanto la caída del empleo sectorial respecto
al empleo total como la disminución de la participación
relativa de la industria en el valor agregado nacional. El
economista turco de la Universidad de Harvard, Dani Rodrik, analiza este fenómeno en un estudio de febrero de 2015 titulado
PrematureDeindustrialization.
En
los Estados Unidos, por ejemplo, la industria manufacturera empleaba
menos del 3% de la fuerza de trabajo al comienzo del siglo
diecinueve, luego de llegar a un pico del 25-27% en el segundo
tercio del siglo veinte, la desindustrialización se instala,
absorbiendo menos del 10% de la fuerza de trabajo en años recientes.
Este ciclo se explica en los países ricos principalmente por el
avance tecnológico en las manufacturas, pues la productividad crece
más rápidamente que en otros sectores de la economía desplazando
mano de obra, pero su valor agregado permanece más o menos estable.
La
industrialización en Europa y Norteamérica fue determinante en la
creación de Estados modernos y democracias liberales, propulsó la
urbanización, el desarrollo de los estados de bienestar, la
aparición de una clase obrera organizada y fuerte pero también de
la clase capitalista. Ahora se ha abierto paso una sociedad
postindustrial donde los sectores de servicios y financiero son
los dominantes.
Dice
Dani Rodrik que lo nuevo es que los países en desarrollo se están
convirtiendo a los servicios sin haber atravesado por un proceso de
industrialización consolidado por culpa de la globalización
neoliberal:
En
la medida en que los países en desarrollo se abrieron a la
competencia internacional, sus sectores de manufacturas fueron
golpeados por doble vía. Aquellos países que no tenían una ventaja
comparativa en el sector se convirtieron en importadores netos de
manufacturas, revirtiendo el largo proceso de substitución de
importaciones. Al mismo tiempo, se convirtieron en “importadores”
de la desindustrialización ya que la caída de los precios relativos
de las manufacturas de los países avanzados empujó a la baja los
precios de las manufacturas en todo el mundo, incluidos los de los
países que no han tenido mayores desarrollos tecnológicos. Este
resultado es consistente con la fuerte reducción de la participación
sectorial en el empleo y en el valor agregado total, especialmente en
las economías que no se especializan en este sector.
En
efecto, la desindustrializacion del país es una constante desde los
años 80, que se agudiza con la Apertura Económica de principios de
los noventa - la cual llevó al país a una recesión en 1999- y la firma
de tratados de libre comercio. La relación Valor Agregado
Industrial/PIB ha venido descendiendo del 24% hace tres décadas, a
un 15% hace una década y a tan sólo un 9% ó 12% en dicha relación
en el período 2012-2020.
En
términos de generación de empleo, la industria aportaba cerca del
25% del total del empleo hace 30 años, el 23% hace diez, y
actualmente el 13%, según cifras del excodirector del Banco de la
República Sergio Clavijo.
El
economista Eduardo Sarmiento Palacio repite como una letanía en sus
columnas de El Espectador que:
"Al
desmonte arancelario, se agregaron el banco central autónomo y la
inversión extranjera, para inducir una estructura productiva
dominada por la minería que no genera empleo, los servicios que
están representados principalmente en el sector informal y la
agricultura tropical que carece de demanda. El país cosecho lo que
sembró. Se configuró un modelo modesto de crecimiento, elevado
desempleo e informalidad y declive de los ingresos del trabajo con
respecto al capital".
Actualmente,
la suma de exportaciones de commodities, principalmente
petróleo y de bienes agrícolas (poco elaborados),
representan casi un 80% del total exportado, incluyendo el mercado de
Estados Unidos. Mientras el crecimiento promedio del PIB entre 2000
y 2014 fue 4,2% anual, el PIB industrial apenas creció 0,2%,
mostrando un evidente rezago, las importaciones más que duplican las
exportaciones; el consumo adquirido en el exterior, es superior al
valor agregado nacional. La productividad del sector no llega a la
mitad de la de Estados Unidos.
La
ausencia de una industria desarrollada en las sociedades como la
nuestra pueden muy bien ser una fuente de inestabilidad política,
estados fallidos o frágiles y regímenes populistas o dictatoriales.
Argumenta Dani Rodrik, que la industrialización favorece la participación política. La presencia de partidos políticos fuertes y sindicatos de masas basados en la solidaridad de clase proveen un fuerte contrapeso en una democracia capitalista.
La política se ve muy distinta si la producción urbana se organiza mayormente en torno a la informalidad, a un difuso conglomerado de pequeñas empresas y servicios. Bajo esta situación, los intereses comunes entre los grupos no elitistas son más difíciles de definir, la organización política enfrenta mayores obstáculos y las identidades personalistas y étnicas priman sobre la solidaridad de clase.
Argumenta Dani Rodrik, que la industrialización favorece la participación política. La presencia de partidos políticos fuertes y sindicatos de masas basados en la solidaridad de clase proveen un fuerte contrapeso en una democracia capitalista.
La política se ve muy distinta si la producción urbana se organiza mayormente en torno a la informalidad, a un difuso conglomerado de pequeñas empresas y servicios. Bajo esta situación, los intereses comunes entre los grupos no elitistas son más difíciles de definir, la organización política enfrenta mayores obstáculos y las identidades personalistas y étnicas priman sobre la solidaridad de clase.
La
oposición es bastante frágil y dispersa sin una clase obrera
organizada según la visión marxista. Hoy día, los nuevos
movimientos sociales antiglobalización son movimientos que atacan un
solo problema, sin un sustento de clase. No es
claro cómo pueden llenar las imaginadas comunidades étnicas,
religiosas, de género, de estilo de vida y otras identidades
colectivas el vacío dejado por el retroceso de las viejas ideologías
de la izquierda socialista. A diferencia del pasado, donde la
confrontación se daba entre el patrón y el obrero, los
protagonistas de la protesta hoy vive casi en la ilegalidad, con
desesperada necesidad de formas mínimas de organización. Se trata
de una población compuesta por trabajadores marginados, empleados
públicos cesantes, ex campesinos, informales, trabajadores por
cuenta propia y desempleados.
Las
élites no enfrentan actores políticos que legítimamente
representen los intereses de mayorías obreras que puedan hacer
compromisos reales en su nombre. La clase dirigente puede preferir, y
tienen la habilidad de dividir para gobernar, de manera populista y
clientelista incluso enfrentando a los grupos elitistas unos contra
otros. Aunque la democracia formal existe en la mayoría de países,
como nunca antes, una mirada cuidadosa, arroja constantes violaciones
a los Derechos Humanos y un descontento que a menuda resulta en
protestas callejeros y paros. Es decir, se pierde por completo la
cohesión social.
Aunque
estas son simples hipótesis, si miramos la realidad en un mundo globalizado, ella no se
aleja demasiado de este diagnóstico.
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