Historias de la realidad o la realidad de las historias

viernes, 15 de abril de 2016

Los paraísos fiscales y la globalización



Las jurisdicciones financieras extraterritoriales o paraísos fiscales (tax havens) son consustanciales con la globalización financiera -el libre flujo de capitales- y la ideología neoliberal, que promulga entre otras cosas que pagar impuestos es una injusticia. Acabarlos es prácticamente imposible pues su magnitud estimada es enorme y toca intereses altamente sensibles. En 2005, el Tax Justice Network estimó que los ricos del mundo poseen 11,5 billones de dólares en el mundo extraterritorial, equivalente a un tercio del PIB anual mundial. El mismo presidente Barack Obama  en un alocución con motivo del escándalo de los Panama Papers, ocasionado por las filtraciones de la firma panameña Mossak Fonseca, dice que combatirlos es muy difícil puesto que son en gran parte legales y propuso como incentivo rebajar los impuestos corporativos. Además Estados Unidos ha ejercido una actitud hipócrita frente a las medias de transparencia, exigiendo a los demás pero cumpliendo poco.



La evasión de impuestos existe desde que se inventó la tributación pero el mundo extraterritorial de la globalización neoliberal solo se desarrolla a cabalidad con la liberalización financiera y bancaria.



En la época dorada del capitalismo (1945-1975) los movimientos de capitales no impedían que los Estados manejaran sus economías de manera autónoma y que el futuro se decidiera soberanamente dentro del ámbito del Estado-nación pues había control estatal de los flujos: proteccionismo económico, aranceles, controles de cambio, regulaciones al mercado cambiario y tipos de interés. Todo lo cual implicó mejoras formidables en el bienestar de la mayoría, crecimiento de las economías, caída del desempleo y desarrollo económico.



No obstante, el sistema de Bretton Woods de cooperación internacional con estricto control de los flujos financieros se derrumbó con el fin del patrón oro en 1971 y las subsecuentes reformas estructurales. En 1974 Estados Unidos suprime todos los controles de capital y abre sus fronteras y da inicio al desarrollo de la financiación offshore por el aumento del mercado de los eurodólares. En 1979 la Reserva Federal libera los tipos de interés y comienzos de los ochenta, Reagan abandona la imposición tributaria del capital en la fuente. Le siguen Francia que reforma el mercado de valores y el Reino Unido que reforma la legislación sobre la bolsa.



Las reformas neoliberales facilitaron la movilidad internacional del capital para generar unos mercados sin fronteras, aupada por novedosos productos financieros como las permutas financieras swaps y los derivados. La banca deja de financiar la industria y el desarrollo económico y el nuevo motor de los mercados financieros es la especulación con base en el riesgo donde la mayoría de países son a la vez deudores y acreedores. Las nuevas instituciones financieras para la especulación son los fondos de altos riesgo o hedge funds y los holdings o sociedades de cartera que se ubican principalmente en paraísos offshore que tienen su mayor desarrollo a partir de los 90.



Es necesario precisar los varios papeles que juegan los paraísos fiscales en el complejo engranaje del mundo financiero global. Estas jurisdicciones se caracterizan por: guardar el secreto bancario y la falta de transparencia, el rechazo a la cooperación con otras jurisdicciones en el intercambio de datos, la posibilidad de evadir regulaciones financieras y fiscales y permitir la creación de empresas fachada sin actividades económicas sustanciales en el territorio. Los centros financieros offshore para no residentes, generalmente en moneda no local, son un dispositivo central del sistema global que aporta flexibilidad y libertad de acción a las lucrativas operaciones financieras facilitando la especulación. 

Situados en algunos países, islas y enclaves geográficos aparecen perfectamente conectados con los grandes centros como Londres, Nueva York y Zurich. Algunos estados de Estados Unidos también tienen características propias de los paraísos fiscales y algunos consideran a Estados Unidos el mejor lugar para esconder capitales. Las diez primeras jurisdicciones confidenciales son: Suiza, Hong Kong, Estados Unidos, Singapur, Islas Caimán, Luxemburgo, Líbano, Alemania, Bahrain, Los Emiratos Árabes, según la Tax Justice Network.



Los centros offshore son utilizados para actividades de evasión y fraude fiscal y planificación fiscal internacional y con actividades ilícitas de lavado o blanqueo de capitales y financiación del terrorismo. Allí los capitales acumulados legalmente se confunden con los fondos procedentes del tráfico de armas y de estupefacientes, de la extorsión y del asesinato o del comercio con seres humanos. Hoy nadie duda que estos centros se prestan al lavado o blanqueo de capitales ilícitos.



En los paraísos fiscales, también llamados jurisdicciones confidenciales, se respeta el secreto bancario, no se cobran impuestos al beneficio empresarial, las donaciones y herencias. No hay supervisión a las transacciones y por ende se carece de informaciones estadísticas precisas, sólo estimaciones. La banca extraterritorial explota con fines de lucro el regulatory arbitrage o arbitraje legislativo que son las diferencias entre legislaciones y sus resquicios, así como las diferencias de precios entre diversos mercados.



Otra actividad es la denominada protección de activos que incluye los fideicomisos y trusts tan apetecidos por personas acaudaladas. Los grandes bancos tienen bancos fantasma shell banks y bancos en paralelo o parallel banks en los paraísos fiscales. Las grandes corporaciones han creados en los últimos años filiales offshore o al contrario la empresa matriz se convierte en la filial de la ubicada offshore. Los préstamos con divisas, la emisión de valores o títulos (securitisation) son otras de las actividades que se facilitan en los bancos offshore.



El mundo extraterritorial impide la supervisión legal de los mercados financieros, aumenta la posibilidad de crisis y facilita trasladar el riesgo y los costos de los rescates financieros hacia la mayoría trabajadora. La eficiencia que reivindica es falsa porque es fraudulenta, atrae los capitales no hacia la inversión más productiva sino hacia donde le ofrecen mayor secretismo, donde las regulaciones son más laxas. Nada tiene que ver con la asignación más eficiente de capital, del que hablaba Keynes. El dinero es un fin en sí mismo.



Las consecuencias para el desarrollo son muy grandes. La era neoliberal es de crecimiento más lento y de marcadas crisis económicas, de la deuda y financieras con incidencia global, cada vez más difíciles de manejar. Y todas ellas tienen una estrecha relación con el mundo extraterritorial. En un mundo donde el capital fluye libremente hacia guaridas extraterritoriales y donde los bancos pueden crear dinero a voluntad, es prácticamente imposible que los bancos centrales controlen la base monetaria y por ende se padezcan males incontrolables.



Oxfam calcula que el dinero sacado de los países en desarrollo y depositado en los paraísos fiscales asciende a 50 mil millones de dólares al año, casi el equivalente de la ayuda global anual de la cooperación internacional.



Los paraísos fiscales corroen las bases de los sistemas fiscales incidiendo negativamente sobre la recaudación de los Estados. Ahora no solo se recauda menos sino que además cada Estado condiciona a los demás a través de sus políticas fiscales para atraer los capitales financieros, lo que desde el gobierno de Uribe se ha llamado garantizar “la confianza inversionista”. Así mientras los grandes capitales no pagan impuestos, el peso de la carga tributaria recae sobre las clases trabajadoras. Es preciso reivindicar los impuestos. Sin ellos los Estados no pueden costear las inversiones sociales para proteger a los grupos más vulnerables y pobres de la sociedad, construir las obras de infraestructura necesarias para el crecimiento económico, financiar la educación y la salud que proporcionan niveles de vida aceptables para la mayoría, entre otras inversiones estratégicas.



Las viejas Instituciones como el FMI y la OECD y las nuevas que intentan supervisar y combatir el mundo financiero extraterritorial y la evasión fiscal, tienen una labor ardua por delante, pero su accionar se limitará a intentar regular un poco este mundo opaco mas no a acabarlo pues es inherente a la globalización neoliberal.

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