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viernes, 29 de abril de 2016

Crisis global: fin del boom de los commodities y fuga de capitales



Los países exportadores de materias primas enfrentan el fin de los altos precios de los commodities y una desaceleración económica mundial que ha implicado la reversión de los flujos de capital que antes habían llegado a raudales. La inversión extranjera se había dirigido en masa durante años a los mercados emergentes para beneficiarse de su mayor ritmo de crecimiento, pero al estancarse China, Rusia y otros países emergentes frente a Estados Unidos y Europa, el dinero salió en dirección opuesta. Así lo confirma el FMI en un estudio sobre las perspectivas de la economía mundial. La Reserva Federal estadounidense elevó en diciembre de 2015 su tasa de referencia en un cuarto de punto, su primer movimiento en siete años, lo cual también contribuyó a la volatilidad financiera global.

La globalización funciona así: impulsa burbujas que luego revientan con nefastas consecuencias sociales y económicas, gracias al libre flujo de capitales de la ortodoxia neoliberal. Con diferentes matices y tiempos de implementación, la mayor parte de los países emergentes y en desarrollo avanzó hacia procesos de privatización de empresas públicas, apertura comercial, liberalización de los flujos financieros, y en la especialización en la producción y exportación de commodities, a partir de lo cual se produjo una importante afluencia de capitales por un tiempo creando una falsa idea de bienestar y crecimiento sostenido.

Es así como América Latina creó una fuerte dependencia económica en los últimos 30 años de la exportación de energía, metales, productos agropecuarios y otros commodities. Con la caída en un 60% de los precios del petróleo desde mediados de 2014, el modelo de crecimiento basado en este tipo de exportaciones ha demostrado sus límites y ahora las economías enfrentan dificultades y la inversión extranjera empieza a retroceder. En efecto, el crecimiento económico de América Latina en 2016 va a ser nulo, según afirma el Banco Mundial (BM) en su informe de Perspectivas Económicas Mundiales.

Como explicación el Banco Mundial menciona: en primer lugar, la debilidad del crecimiento mundial, que ha repercutido en los flujos comerciales de la zona y, en segundo, por la fortaleza del dólar y la anticipación de la subida de las tasas de interés en Estados Unidos. En efecto, los saldos de cuenta corriente de los exportadores de materias primas se han deteriorado y, dada la salida neta de capitales de muchas economías dependientes de materias primas, los países se han visto obligados bien a utilizar sus reservas internacionales, o bien a recortar las importaciones y a mantener un ritmo sostenido de depreciación de sus monedas frente al dólar.

Dice el premio Nobel Joseph Stiglitz en un artículo publicado en El Espectador que:  “Durante el período 2009-2014, los países en desarrollo recibieron colectivamente una entrada neta de capital de US$2,2 millones de millones, en parte debido a la flexibilización cuantitativa en las economías avanzadas, que empujó a sus tasas de interés a situarse cerca de cero”. Y agrega “Sin embargo, los flujos de capital ahora se están revirtiendo, tornándose negativos por primera vez desde 2006 y superando, en 2015, un nivel de salidas netas desde los países en desarrollo del orden de los US$600 mil millones –más de una cuarta parte de las flujos de entrada que recibieron durante los seis años anteriores”.

Stiglitz señala que:
 “Las salidas de capital afectarán negativamente los precios de sus acciones, empujarán hacia arriba sus ratios deuda-capital, aumentarán la probabilidad de moratorias. El problema es especialmente grave en los países en desarrollo exportadores de materias primas, donde las empresas se endeudaron extensivamente, esperando que los altos precios de las materias primas persistieran”

En abril el Fondo Monetario Internacional, rebajó por cuarta vez en el año sus previsiones de crecimiento de la economía mundial a 3,2%, por el desaceleramiento de la economía China y los bajos precios de las materias primas. Hay que recordar que China se convirtió en el mayor consumidor de materias primas del mundo, acaparando el 60% de la producción mundial de hierro, el 42% de la de níquel, el 30% de la de soya, el 23% de la de maíz y en torno a un 11% de la producción a mundial de petróleo. China dejó de consumir, frenó de manera abrupta la importación de commodities y América Latina se estremeció, sus monedas cayeron y sus economías se debilitaron, es por ello que varias agencias calificadoras e instituciones como la Cepal o el Banco Mundial, ahora aconsejan el cambio de modelos económicos netamente apoyados en las materias primas a modelos de economías mixtas más fortalecidos ante las idas y venidas de los mercados y se habla de controles de capital selectivos. Esto resulta irónico puesto que fueron las Instituciones Financieras Internacionales las que impulsaron las reformas estructurales neoliberales que condujeron a este desastre.

Pero la caída de la bolsa china y el recorte del crecimiento del PIB del país, puso de manifiesto que el nerviosismo de los mercados está para quedarse. La ONU enumera 29 economías que probablemente se verán gravemente afectadas por la desaceleración de China. Lo que estamos viendo es la implosión de las burbujas que se hincharon como parte de los excesos financieros sin precedente en el período de la euforia y el descontrol.

Sin un cambio de tendencia en los motores fundamentales del crecimiento, el cual requeriría reformas estructurales significativas, los mercados emergentes seguirán vulnerables a choques externos, particularmente a una repentina fortaleza del dólar si la Reserva Federal eleva sus tasas de interés más rápido de lo que los mercados lo tienen contemplado.

Desde el punto de vista de la distribución del ingreso, es evidente su carácter regresivo de la fuga de capitales. Ello se debe a que ella refuerza el desequilibrio externo, obligando al Estado a intensificar la presión fiscal sobre los sectores menos afectados de la economía para poder atender los servicios de la deuda. Asimismo, la fuga de capitales resta recursos que hubiesen podido contribuir a incrementar los niveles de inversión de la economía y reforzar el crecimiento.




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