Historias de la realidad o la realidad de las historias

domingo, 13 de marzo de 2016

La difusa realidad en un mundo globalizado


La realidad está ahí, pero ella es cambiante, escurridiza y pareciera estar siempre escondida. Las certezas no existen y buscarlas puede resultar una tarea frustrante. Nuestra mente es el filtro a través del cual percibimos la realidad y ella nos tiende muchas trampas. De la consciencia que tengamos de lo que los hindúes llaman “velos de Maya” o ilusiones internas que interfieren en nuestra manera de aprehender la realidad – la herencia genética, la cultural y nuestro ego – dependerá tanto el buen vivir como la evolución misma. Pero disciplinar la mente no es tarea fácil como lo veremos más adelante.



El más reconocido representante de la Psicología Positiva, Mihaly Csikzentmihaly, asegura en su libro The Evolving Self que “lo que ocurra en el tercer milenio dependerá de la conciencia humana hoy: las ideas en que creamos, los valores que promovamos y las acciones que tomemos”, pues así como la evolución no se detiene la búsqueda de la verdad tampoco termina.



En general las instrucciones genéticas nos impulsan a actuar de una manera u otra de maneras que han sido útiles en el pasado para la sobrevivencia de la humanidad y su influencia es más relativa que la que ejercen los velos culturales. Tomarse demasiado en serio los dictados de la sociedad en que vivimos, principalmente a través de las pantallas de los televisores y computadores resulta tan peligroso como adoptar dogmas contraculturales propios del fanatismo religioso y las diversas ideologías propulsadas por los reformadores del momento.



El tercer velo es más complicado porque tiene que ver con el “yo” y todo lo que le acompaña: el cuerpo, nuestros deseos, posesiones, familias, trabajos, etc. El “yo” nos libera pero también nos ata pues en la medida en que se identifique cada vez más con símbolos externos se vuelve más vulnerable. El ego resulta tan problemático que han habido muchos intentos por eliminarlo especialmente por parte de las religiones orientales. Pero, ¿sobreviviría una sociedad si la mayoría de su población careciera de expectativas, ambiciones y deseos?



En contraste con los “velos de Maya” los obstáculos externos que afectan nuestra percepción de la realidad tienen que ver con la interacción social y las presiones competitivas de la evolución. Csikzentmihaly rescata el término memes1, acuñado por el biólogo Richard Dawkins, para referirse a “los patrones permanentes de materia o información producidas intencionalmente por los seres humanos”, que se transmiten a través de la imitación y el aprendizaje. Los rasgos que hacen ver la selección natural tan ruda e implacable se repiten en la competencia entre los memes por capturar nuestra atención y replicarse. “Los memes, ya sea que se trate de artefactos tecnológicos o conceptos abstractos, nos instruyen a actuar al igual que los genes. Gran parte de nuestra energía psíquica la empleamos en seleccionarlos y reproducirlos”, sostiene Csikzentmihaly. Las personas que se pueden considerar “felices”, por lo general, son individuos que han vivido de acuerdo con sus propias normas y valores.



La opresión y el parasitismo son rasgos comunes de la evolución. El poder, que puede estar basado en el dinero, la propiedad, el temor o la ideología, entre otros, puede ser ejercido por un individuo o grupo y cuando hay grandes diferencias de poder se da la explotación. No podemos ser libres a menos que aprendamos a protegernos de las ambiciones de otras personas y nos abstengamos de oprimir a otros y optemos por leyes y políticas que impidan la desigual distribución del poder económico.



En psicología un parásito es una persona que drena la energía psíquica de otra persona controlándola directamente o explotando su debilidad e inatención. Cuando estamos rodeados de parásitos, gran parte de nuestra energía psíquica la empleamos en tratar de defendernos en lugar de disfrutar de la vida. Lo mismo ocurre cuando nos dejamos impactar por falsos gurús, líderes y profetas o cuando sucumbimos en la adicción a las drogas, el alcohol o el cigarrillo.



Los memes tecnológicos como los ideológicos una vez creados adquieren vida propia. La televisión, por ejemplo, es un ejemplo dramático de como un meme invade las mentes sin importar el bienestar que produce en su huesped. Ella se replica así misma: las pantallas tienen cada vez más pixeles, más pulgadas y son más planas. Los realities son más impactantes, las telenovelas más truculentas y los noticieros dedican cada vez más tiempo a las noticias de entretenimiento y menos a la información que realmente importa. Ver mucha televisión simplemente cansa.



Cuando ejercemos nuestros derechos ciudadanos y vamos a votar por un candidato reflexionamos acerca de sus ejecutorias, la fuerza y consistencia de su carácter, el realismo y bondad de sus promesas o más bien nos dejamos seducir por el eslogan, el videoclip, la foto de la propaganda o por la “marca” en que se ha convertido su partido asesorado por algún spin doctor.



Algunas ideologías en su momento aportaron a la evolución de la humanidad, otras han tenido un existencia efímera pero con desastrosas consecuencias. Por ejemplo, “La noción de supremacía aria le sirvió a los nazis para justificar la exterminación de judíos, gitanos y cualquier otro que no cumpliera con el ideal”. Otras fueron capturadas por parásitos “miméticos” como ocurrió con el socialismo soviético “donde una poderosa camarilla de políticos y burócratas sin escrúpulos se convirtieron en una carga más pesada sobre las espaldas de los ciudadanos que la vieja corte zarista”, con el pretexto de la idea de “dictadura del proletariado”, afirma el autor.



Con el arte y la ciencia ocurre lo mismo. El artista o el científico para poderse destacar y tener éxito se somete a la tendencia artística o teoría de moda. La persona promedio apenas recuerda el nombre de de unos pocos pintores, músicos o escritores contemporáneos y parecería que las grandes obras de arte hubiesen desaparecido porque simplemente no empleamos suficiente energía psíquica en la apreciación de los memes artísticos.



¿Cómo trascender sin desfallecer en el intento?



En primer lugar, hay que ordenar la mente y trazarnos unos objetivos para que ella no divague inútilmente, empleando nuestra energía psíquica en aquellas actividades complejas que capturen nuestra atención por completo y representen un reto cada vez mayor, acorde con nuestras habilidades, produciéndonos lo que el autor denomina “fluir” o “flujo”, en su obra más conocida y destacada: Fluir (Flow): Una Psicología de la Felicidad. Es decir, debemos hacer lo que nos gusta. O, ¿acaso los grandes músicos han compuesto alguna vez una obra maestra sin que les guste la música ? Por lo general los individuos que han dejado una huella constructiva y perdurable en la historia han necesitado pocos bienes materiales, poca diversión, comodidades, fama o poder porque lo que hacen en la vida lo disfrutan y les satisface al punto que se olvidan de sí mismos.



En segundo lugar, debemos dedicar tiempo y nuestros mejores esfuerzos a escoger los memes más complejos, pensando siempre más allá de los límites personales, es decir, en la familia, la comunidad, el planeta y el cosmos. Solo podremos contribuir a la evolución si logramos dejar trazos de complejidad en la cultura, sirviendo como ejemplo, cambiando las costumbres, creencias o conocimientos transmitidos a través de los sistemas sociales. Una buena sociedad sería, en consecuencia, aquella que fomente el “flujo” en las personas, es decir, la armonía en lugar de la entropía psíquica.


1Término que deriva de mimesis, “imitación”.

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