La
realidad está ahí, pero ella es cambiante, escurridiza y
pareciera estar siempre escondida. Las certezas no existen y
buscarlas puede resultar una tarea frustrante. Nuestra mente es el
filtro a través del cual percibimos la realidad y ella nos tiende
muchas trampas. De la consciencia que tengamos de lo que los hindúes
llaman “velos de Maya” o ilusiones internas que interfieren en
nuestra manera de aprehender la realidad – la herencia genética,
la cultural y nuestro ego – dependerá tanto el buen vivir como la
evolución misma. Pero disciplinar la mente no es tarea fácil como
lo veremos más adelante.
El más
reconocido representante de la Psicología Positiva, Mihaly
Csikzentmihaly, asegura en su libro The Evolving Self que “lo
que ocurra en el tercer milenio dependerá de la conciencia humana
hoy: las ideas en que creamos, los valores que promovamos y las
acciones que tomemos”, pues así como la evolución no se detiene
la búsqueda de la verdad tampoco termina.
En
general las instrucciones genéticas nos impulsan a actuar de una
manera u otra de maneras que han sido útiles en el pasado para la
sobrevivencia de la humanidad y su influencia es más relativa que la
que ejercen los velos culturales. Tomarse demasiado en serio los
dictados de la sociedad en que vivimos, principalmente a través de
las pantallas de los televisores y computadores resulta tan
peligroso como adoptar dogmas contraculturales propios del fanatismo
religioso y las diversas ideologías propulsadas por los reformadores
del momento.
El
tercer velo es más complicado porque tiene que ver con el “yo” y
todo lo que le acompaña: el cuerpo, nuestros deseos, posesiones,
familias, trabajos, etc. El “yo” nos libera pero también nos ata
pues en la medida en que se identifique cada vez más con símbolos
externos se vuelve más vulnerable. El ego resulta tan problemático
que han habido muchos intentos por eliminarlo especialmente por parte
de las religiones orientales. Pero, ¿sobreviviría una sociedad si
la mayoría de su población careciera de expectativas, ambiciones y
deseos?
En
contraste con los “velos de Maya” los obstáculos externos que
afectan nuestra percepción de la realidad tienen que ver con la
interacción social y las presiones competitivas de la evolución.
Csikzentmihaly rescata el término memes1,
acuñado por el biólogo Richard Dawkins, para referirse a “los
patrones permanentes de materia o información producidas
intencionalmente por los seres humanos”, que se transmiten a
través de la imitación y el aprendizaje. Los rasgos que hacen ver
la selección natural tan ruda e implacable se repiten en la
competencia entre los memes por capturar nuestra atención y
replicarse. “Los memes, ya sea que se trate de artefactos
tecnológicos o conceptos abstractos, nos instruyen a actuar al
igual que los genes. Gran parte de nuestra energía psíquica la
empleamos en seleccionarlos y reproducirlos”, sostiene
Csikzentmihaly. Las personas que
se pueden considerar “felices”, por lo general, son individuos
que han vivido de acuerdo con sus propias normas y valores.
La
opresión y el parasitismo son rasgos comunes de la evolución. El
poder, que puede estar basado en el dinero, la propiedad, el temor o
la ideología, entre otros, puede ser ejercido por un individuo o
grupo y cuando hay grandes diferencias de poder se da la explotación.
No podemos ser libres a menos que aprendamos a protegernos de las
ambiciones de otras personas y nos abstengamos de oprimir a otros y
optemos por leyes y políticas que impidan la desigual distribución
del poder económico.
En
psicología un parásito es una persona que drena la energía
psíquica de otra persona controlándola directamente o explotando su
debilidad e inatención. Cuando estamos rodeados de parásitos, gran
parte de nuestra energía psíquica la empleamos en tratar de
defendernos en lugar de disfrutar de la vida. Lo mismo ocurre cuando
nos dejamos impactar por falsos gurús, líderes y profetas o cuando
sucumbimos en la adicción a las drogas, el alcohol o el cigarrillo.
Los memes tecnológicos como los
ideológicos una vez creados adquieren vida propia. La televisión,
por ejemplo, es un ejemplo dramático de como un meme invade las
mentes sin importar el bienestar que produce en su huesped. Ella se
replica así misma: las pantallas tienen cada vez más pixeles, más
pulgadas y son más planas. Los realities son más
impactantes, las telenovelas más truculentas y los noticieros
dedican cada vez más tiempo a las noticias de entretenimiento y
menos a la información que realmente importa. Ver mucha televisión
simplemente cansa.
Cuando
ejercemos nuestros derechos ciudadanos y vamos a votar por un
candidato reflexionamos acerca de sus ejecutorias, la fuerza y
consistencia de su carácter, el realismo y bondad de sus promesas o
más bien nos dejamos seducir por el eslogan,
el videoclip, la foto de la propaganda o por la “marca” en que se
ha convertido su partido asesorado por algún spin doctor.
Algunas
ideologías en su momento aportaron a la evolución de la humanidad,
otras han tenido un existencia efímera pero con desastrosas
consecuencias. Por ejemplo, “La noción de supremacía aria le
sirvió a los nazis para justificar la exterminación de judíos,
gitanos y cualquier otro que no cumpliera con el ideal”. Otras
fueron capturadas por parásitos “miméticos” como ocurrió con
el socialismo soviético “donde una poderosa camarilla de políticos
y burócratas sin escrúpulos se convirtieron en una carga más
pesada sobre las espaldas de los ciudadanos que la vieja corte
zarista”, con el pretexto de la idea de “dictadura del
proletariado”, afirma el autor.
Con
el arte y la ciencia ocurre lo mismo. El artista o el científico
para poderse destacar y tener éxito se somete a la tendencia
artística o teoría de moda. La persona promedio apenas recuerda el
nombre de de unos pocos pintores, músicos o escritores
contemporáneos y parecería que las grandes obras de arte hubiesen
desaparecido porque simplemente no empleamos suficiente energía
psíquica en la apreciación de los memes artísticos.
¿Cómo
trascender sin desfallecer en el intento?
En
primer lugar, hay que ordenar la mente y trazarnos unos objetivos
para que ella no divague inútilmente, empleando nuestra energía
psíquica en aquellas actividades complejas que capturen nuestra
atención por completo y representen un reto cada vez mayor, acorde
con nuestras habilidades, produciéndonos lo que el autor denomina
“fluir” o “flujo”, en su obra más conocida y destacada:
Fluir (Flow): Una
Psicología de la Felicidad.
Es decir, debemos hacer lo que nos gusta. O, ¿acaso los grandes
músicos han compuesto alguna vez una obra maestra sin que les guste
la música ? Por lo general los individuos que han dejado una huella
constructiva y perdurable en la historia han necesitado pocos bienes
materiales, poca diversión, comodidades, fama o poder porque lo que
hacen en la vida lo disfrutan y les satisface al punto que se olvidan
de sí mismos.
En
segundo lugar, debemos dedicar tiempo y nuestros mejores esfuerzos a
escoger los memes más complejos, pensando siempre más allá de los
límites personales, es decir, en la familia, la comunidad, el
planeta y el cosmos. Solo podremos contribuir a la evolución si
logramos dejar trazos de complejidad en la cultura, sirviendo como
ejemplo, cambiando las costumbres, creencias o conocimientos
transmitidos a través de los sistemas sociales. Una buena sociedad
sería, en consecuencia, aquella que fomente el “flujo” en las
personas, es decir, la armonía en lugar de la entropía psíquica.
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