Historias de la realidad o la realidad de las historias

jueves, 17 de marzo de 2016

Mitos y realidades de la vejez




Pasar de cierta edad, de los sesenta años más o menos, es considerado un verdadero descalabro por la sociedades occidentales. Hay una real obsesión por evitar el envejecimiento y alrededor de ello hay un lucrativo mercado de regímenes de salud, tratamientos de belleza, ejercicios y otras formas de enmascarar la edad. Se cree que envejecer es sinónimo de decaimiento físico y mental, marginalidad social y productiva. Y a las personas mayores, especialmente a las mujeres, se les trata con desdén.



El envejecimiento está rodeado de mitos. Lo prueban la multitud de personas que parecerían estar envejeciendo vitalmente, personas no excepcionales sino normales, que no solo mantienen un buen estado físico y mental sino que además desarrollan nuevas aptitudes psicosociales y capacidades por ejemplo para la estratagema, sagacidad, prudencia y sensatez, como lo evidencian algunos estudios realizados en personas que han vivido con familia, con recursos suficientes y no en instituciones. Así lo atestigua el libro de Betty Friedan La Fuente de la Edad. El deterioro físico del cerebro no es lago programado en la vejez, es decir está demostrado que un cerebro normal sano no pierde necesariamente células nerviosas con la edad.



Quienes nos vamos acercando a esta temida edad difícilmente podemos recordar los tiempos y culturas donde los viejos, o mejor, personas mayores eran respetados, consultados y venerados por su sabiduría.

En Colombia, la menos, donde la población en general está envejeciendo a un ritmo mayor que en otros países1, se espera que los viejos se retiren pronto de las actividades productivas sin embargo las condiciones materiales para hacerlo son de las peores del mundo.



¿Cuál es la suerte de los casi cinco millones de personas mayores de 60 años, que correspondían al 10,5 por ciento de la población en 2013 y de los 650.000 que sobrepasaban los 80 años? La respuesta no es para nada optimista en un país donde la mayoría de las personas de más de 60 años está llegando a su vejez sin recursos económicos para vivir. Así lo advierte una investigación adelantada por la Universidad Externado de Colombia publicada en 2015, que revela que el 75 por ciento de los adultos mayores del país no recibe ninguna pensión. Por si fuera poco, el 22 por ciento de esta población vive con menos de 206.091 pesos mensuales, es decir, en condiciones de pobreza. En el resto del mundo la situación no es mucho más esperanzadora: cerca de la mitad de las personas en edad de jubilación no reciben ningún tipo de pensión y es deficitaria en el caso del 52 por ciento de los que la reciben, según alertó la Organización Internacional del Trabajo. Estas son tristes realidades.



La posibilidad de pensionarse se hace cada vez más remota, entonces cómo no evaluar la vejez con parámetros distintos al de la estrecha definición de ausencia de juventud. No es extraño que enfermedades psicosomáticas, cardiovasculares y la depresión agobien a esta población como si fueran enfermedades naturales y propias del avance de la edad. Cómo no valorar la edad madura más positivamente desde el punto de vista de la sociedad y de la producción. Las empresas y los gobiernos se beneficiarían de la sabiduría de los hombres y mujeres mayores si no estuvieran pensando a cada momento en los supuestos costos laborales de contratarlos. Los artistas que son más productivos, creativos y originales en la vejez se consideran como excepción a la regla, como genios.



Una actitud distinta de quienes estamos ad portas también es necesaria. Se requiere no sucumbir al estereotipo que se quiere imponer. Envejecer, sí, pero activos y vitales rechazando con actos y decisiones inteligentes el concepto de vejez como un inevitable declive.




1El informe The Challenge of Global Aging referencia que entre el 2010 y el 2036 los mayores de 65 años pasarán de ser el 6 por ciento de la población al 15 por ciento, un saldo que en EE. UU. tardó 69 años y en Francia 115.

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