Historias de la realidad o la realidad de las historias

domingo, 13 de marzo de 2016

La realidad de cómo Google y las redes sociales impactan nuestras mentes y vidas




La revolución de los medios digitales esta cambiando nuestra manera de leer,  pensar, relacionarlos y hasta nuestros cerebros. Pocos están exentos de esta influencia mayúscula ejercida de un potente negocio escondido tras cada clic que hacemos en nuestro computador, smart phone o tablet. Es difícil resistirse a la tecnología en una era de información al instante y son innegables los beneficios de la velocidad y la eficiencia, pero esto es solo parte de la historia. Cada nueva tecnología requiere de un sopesado balance de lo que nos aporta y lo que nos resta. MacLuhan había anticipado que cada nuevo instrumento tecnológico cambia la manera como nos relacionamos con el mundo siendo la alienación uno de sus subproductos.

Pocos libros han sido tan reveladores sobre el efecto que está teniendo la revolución digital en nuestras vidas como ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes? Superficiales , publicado por Nicholas Carr en 2010. Este libro apareció en la lista de superventas del New York Times en la categoría de no ficción y fue finalista del Premio Pulitzer de 2011 en la categoría de no ficción.

Documentado en una serie de estudios científicos y experimentos llevados a cabo por neurobiólogos, psicólogos y diseñadores WEB  sostiene que Internet esta promoviendo un tipo de pensamiento distraído, en detrimento del pensamiento más profundo, reflexivo y creativo que promovía la lectura tradicional de libros.

Cada vez que nos conectamos a Internet estamos sometidos a un cúmulo de distracciones y estímulos sensoriales simultáneos. Por lo general tenemos varios programas abiertos al mismo tiempo, recibimos notificaciones de mensajes de correo electrónico, Facebook y Twitter , leemos E-mails, chateamos, escuchamos música, vemos un video, navegamos a gran velocidad y en medio de todo eso intentamos trabajar. Y como la información es libre, pasamos cada vez más tiempo navegando.

La actividad del cerebro es distinta cuando leemos que cuando navegamos y esto se debe al proceso cognitivo. Está comprobado que solo retenemos nuevos conocimientos cuando logramos transferir información de nuestra memoria de trabajo, que es sumamente corta, a la memoria de largo plazo luego de procesar la información que recibimos, lo cual exige mucha concentración y tranquilidad. A fin de cuentas sabemos lo que recordamos y solo recordamos lo que hemos tenido tiempo de asimilar.  

Internet dificulta este proceso por el exceso de recarga cognitiva que recibimos y por la forma en que está configurada la red. Los portales son cada vez más dinámicos e interactivos, la información se actualiza cada vez más rápido, como ocurre con las noticias que ahora se transmiten en tiempo real. Los hipertextos, por ejemplo, nos obligan a leer con gran rapidez fragmentos de información, pasando de un texto a otro con distintos enfoques sin que ello nos haga mejores analistas o más sabios. Está comprobado que en promedio no visitamos una página por más de unos diez segundos y pocas veces nos detenemos a leer un texto con el tiempo y la calma con que leemos un libro. Incluso el movimiento ocular cuando navegamos difiere del movimiento característico de la lectura lineal de los libros. En Internet el ojo se mueve rápidamente en forma de F, saltándose gran parte de las líneas de un texto.  Ahora leemos fragmentadamente. Cada vez que algo nos interrumpe, perdemos tiempo y esfuerzo en retomar lo que estábamos haciendo.

La Misión de Google es la de “organizar toda la información del mundo para hacerla accesible y útil a todos”,  cuestión que ha venido haciendo pasando de ser el mejor buscador, gracias al algoritmo Page Rank, a ofrecer desde 2003 una amplísima plataforma de aplicaciones, sin desmeritar el ambicioso proyecto de digitar todos los libros existentes en una gran biblioteca virtual. Pero no hay que olvidar que cultura es mucho más de lo que Google describe como toda la información del mundo.

La sobrecarga de información de interés inmediato a la que estamos expuestos no tiene precedentes, pero tampoco nunca antes ha sido tan difícil y extenuante escardar la información relevante de la vacua, pues en la WEB nada garantiza fiabilidad o veracidad, sin satisfacer el gusto. Porque en Internet se publica todo, todos tenemos derecho a opinar sin ser autores, ni periodistas ni académicos.

Google funciona bajo una visión taylorista que pretende asimilar la inteligencia humana a la artificial del computador: sistematiza y cuantifica todo, mientras conoce todo sobre sus usuarios, sutilmente, rastreando cada uno de nuestros clics. Pero aunque almacenemos en la memoria del computador una cantidad enorme de información, esta es siempre la misma en tanto que  la memoria biológica está en permanente renovación y requiere ser entrenada permanentemente.

Decía MacLuhan que cada nuevo instrumento de trabajo adormece una parte de nuestro cuerpo.  Internet no nos está volviendo más inteligentes. Nos vuelve más rápidos pero distraídos y desmemoriados y promueve un pensamiento superficial, sostiene Carr en su libro.  En el futuro quizás seremos capaces de mantener varias conversaciones al mismo tiempo usando distintos medios, nuestra habilidad multitareas se acentuará, seremos mejores consumidores de datos, es decir, mejoraremos nuestras habilidades visuales-espaciales.  No obstante, los  estudios y experimentos citados por Carr indican que nuestra capacidad de interpretar textos, reflexionar  y distinguir entre información relevante de la superficial será menor que con la lectura tradicional, pausada y concentrada. El pensamiento crítico, el análisis inductivo y nuestra capacidad de reflexionar sobre nuestra propia experiencia y la contemplación también se afectarán.

No solo el aprendizaje requiere de una mente atenta y calmada, la empatía y la compasión, el sexo y otras emociones también exigen tranquilidad. De allí que en respuesta a un modo de vida cada vez más acelerado hayan surgido una serie de movimientos slow, como slow food y slow cities, entre otros, que sin echar para atrás lo ya recorrido por la humanidad abogan por una vida con menos acelere y por consiguiente, más plena y con mayor disfrute de cada momento. El libro del antes estresado periodista  Karl Honoré, Elogio de la Lentitud. Un movimiernto mundial desafía el culto a la velocidad. (2005) ha sido traducido a 25 idiomas y va por la sexta edición en España.

El negocio detrás de cada click

El negocio de Google está basado en que visitemos el mayor número de páginas Web en el menor tiempo ya que ganan dinero cada vez que hacemos clic en un adWords, que son palabras que Google comercia. El anunciante compra una o varias palabras  clave, que tienen un enlace con su sitio, de manera que su anuncio aparecerá en cada solicitud que incluya la palabra clave. Se le factura cuando los usuarios cliquean en sus anuncios. Cada clic tiene un costo para la democrática Google.

Con el auge de las redes sociales como Facebook, MySpace y Twitter hay todavía mayor aceleración es nuestras vidas al proveernos mensajes instantáneos a toda hora definiendo una nueva manera de contactarnos y relacionarnos igualmente superficial.

En Facebook, con sus 900 millones de usuarios registrados,  un sólo clic ahorra la tarea de teclear nuestra opinión y tanto aprueba fotos como adhiere a pronunciamientos o se solidariza con una causa. La vida virtual “avanza” sobre la vida real. El peso de Facebook es proporcional al grado de intimidad que revelamos con nuestras conexiones.

Según Andrés Bacigalupo en su artículo “Facebook: anatomía crítica de un “me gusta”, http://www.elpuercoespin.com.ar/2013/10/07/facebook-anatomia-critica-de-un-gusta-por-andres-bacigalupo/

“Para los analistas de marketing se trata de un nuevo tesoro. Los innumerables me gusta que un usuario otorga a marcas, personajes y lo que sea que en Facebook se constituya como “página”, permiten trazar un perfil de consumidor notablemente detallado. En la era digital, uno es aquello que le gusta”. Pero objeta que “Lo que se ha olvidado en el camino es el perdido botón de “no me gusta”, una idea que nunca se concretó. Una lástima”.

Y Eduardo Febbro,  en su artículo “La Red Fundada Por Zuckerberg, Facebook, un Autentico Servicio de Inteligencia”,  sostiene que “Facebook y Google se apoyan en casi el mismo modelo económico: cuanto más se sabe sobre los gustos e inclinaciones de los usuarios, más dinero se puede hacer con esos datos sin que el utilizador haya dado su acuerdo. Es en este contexto que la asociación Internet sin Fronteras propone la creación de un e-sindicato con la meta de defender los derechos de los usuarios de Facebook y otros mastodontes numéricos que espían cada uno de nuestros clicks para convertirlos en oro”. http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-195019-2012-05-27.html

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