La revolución de los medios
digitales esta cambiando nuestra manera de leer, pensar, relacionarlos y hasta nuestros cerebros. Pocos están
exentos de esta influencia mayúscula ejercida de un potente negocio escondido
tras cada clic que hacemos en nuestro computador, smart phone o tablet. Es
difícil resistirse a la tecnología en una era de información al instante y son
innegables los beneficios de la velocidad y la eficiencia, pero esto es solo
parte de la historia. Cada nueva tecnología requiere de un sopesado balance de
lo que nos aporta y lo que nos resta. MacLuhan había anticipado que cada nuevo
instrumento tecnológico cambia la manera como nos relacionamos con el mundo
siendo la alienación uno de sus subproductos.
Pocos libros han sido tan
reveladores sobre el efecto que está teniendo la revolución digital en nuestras
vidas como ¿Qué está
haciendo Internet con nuestras mentes? Superficiales ,
publicado por Nicholas Carr en 2010. Este libro apareció en la lista de
superventas del New York Times en la
categoría de no ficción y fue finalista del Premio Pulitzer de 2011 en la
categoría de no ficción.
Documentado en una serie de
estudios científicos y experimentos llevados a cabo por neurobiólogos,
psicólogos y diseñadores WEB
sostiene que Internet esta promoviendo un tipo de pensamiento distraído,
en detrimento del pensamiento más profundo, reflexivo y creativo que promovía
la lectura tradicional de libros.
Cada vez que nos conectamos a
Internet estamos sometidos a un cúmulo de distracciones y estímulos sensoriales
simultáneos. Por lo general tenemos varios programas abiertos al mismo tiempo,
recibimos notificaciones de mensajes de correo electrónico, Facebook y Twitter
, leemos E-mails, chateamos, escuchamos música, vemos un video, navegamos a
gran velocidad y en medio de todo eso intentamos trabajar. Y como la
información es libre, pasamos cada vez más tiempo navegando.
La actividad del cerebro es
distinta cuando leemos que cuando navegamos y esto se debe al proceso
cognitivo. Está comprobado que solo retenemos nuevos conocimientos cuando
logramos transferir información de nuestra memoria de trabajo, que es sumamente
corta, a la memoria de largo plazo luego de procesar la información que
recibimos, lo cual exige mucha concentración y tranquilidad. A fin de cuentas
sabemos lo que recordamos y solo recordamos lo que hemos tenido tiempo de
asimilar.
Internet dificulta este proceso
por el exceso de recarga cognitiva que recibimos y por la forma en que está
configurada la red. Los portales son cada vez más dinámicos e interactivos, la
información se actualiza cada vez más rápido, como ocurre con las noticias que
ahora se transmiten en tiempo real. Los hipertextos, por ejemplo, nos obligan a
leer con gran rapidez fragmentos de información, pasando de un texto a otro con
distintos enfoques sin que ello nos haga mejores analistas o más sabios. Está
comprobado que en promedio no visitamos una página por más de unos diez
segundos y pocas veces nos detenemos a leer un texto con el tiempo y la calma
con que leemos un libro. Incluso el movimiento ocular cuando navegamos difiere
del movimiento característico de la lectura lineal de los libros. En Internet
el ojo se mueve rápidamente en forma de F, saltándose gran parte de las líneas
de un texto. Ahora leemos
fragmentadamente. Cada vez que algo nos interrumpe, perdemos tiempo y esfuerzo
en retomar lo que estábamos haciendo.
La Misión de Google es la de
“organizar toda la información del mundo para hacerla accesible y útil a
todos”, cuestión que ha venido
haciendo pasando de ser el mejor buscador, gracias al algoritmo Page Rank, a ofrecer desde 2003 una
amplísima plataforma de aplicaciones, sin desmeritar el ambicioso proyecto de
digitar todos los libros existentes en una gran biblioteca virtual. Pero no hay
que olvidar que cultura es mucho más de lo que Google describe como toda la
información del mundo.
La sobrecarga de información de
interés inmediato a la que estamos expuestos no tiene precedentes, pero tampoco
nunca antes ha sido tan difícil y extenuante escardar la información relevante
de la vacua, pues en la WEB nada garantiza fiabilidad o veracidad, sin
satisfacer el gusto. Porque en Internet se publica todo, todos tenemos derecho
a opinar sin ser autores, ni periodistas ni académicos.
Google funciona bajo una visión
taylorista que pretende asimilar la inteligencia humana a la artificial del
computador: sistematiza y cuantifica todo, mientras conoce todo sobre sus
usuarios, sutilmente, rastreando cada uno de nuestros clics. Pero aunque
almacenemos en la memoria del computador una cantidad enorme de información,
esta es siempre la misma en tanto que
la memoria biológica está en permanente renovación y requiere ser
entrenada permanentemente.
Decía MacLuhan que cada nuevo
instrumento de trabajo adormece una parte de nuestro cuerpo. Internet no nos está volviendo más
inteligentes. Nos vuelve más rápidos pero distraídos y desmemoriados y promueve
un pensamiento superficial, sostiene Carr en su libro. En el futuro quizás seremos capaces de
mantener varias conversaciones al mismo tiempo usando distintos medios, nuestra
habilidad multitareas se acentuará, seremos mejores consumidores de datos, es
decir, mejoraremos nuestras habilidades visuales-espaciales. No obstante, los estudios y experimentos citados por
Carr indican que nuestra capacidad de interpretar textos, reflexionar y distinguir entre información
relevante de la superficial será menor que con la lectura tradicional, pausada
y concentrada. El pensamiento crítico, el análisis inductivo y nuestra
capacidad de reflexionar sobre nuestra propia experiencia y la contemplación
también se afectarán.
No solo el aprendizaje requiere
de una mente atenta y calmada, la empatía y la compasión, el sexo y otras
emociones también exigen tranquilidad. De allí que en respuesta a un modo de
vida cada vez más acelerado hayan surgido una serie de movimientos slow, como slow food y slow cities, entre otros, que sin echar para atrás lo ya recorrido
por la humanidad abogan por una vida con menos acelere y por consiguiente, más
plena y con mayor disfrute de cada momento. El libro del antes estresado periodista Karl Honoré, Elogio de
la Lentitud. Un movimiernto mundial desafía el culto a la velocidad. (2005) ha sido traducido a 25 idiomas y va por la
sexta edición en España.
El negocio detrás de cada click
El negocio de Google está basado
en que visitemos el mayor número de páginas Web en el menor tiempo ya que ganan
dinero cada vez que hacemos clic en un adWords,
que son palabras que Google comercia. El anunciante compra una o varias
palabras clave, que tienen un
enlace con su sitio, de manera que su anuncio aparecerá en cada solicitud que
incluya la palabra clave. Se le factura cuando los usuarios cliquean en sus
anuncios. Cada clic tiene un costo para la democrática Google.
Con el auge de las redes sociales
como Facebook, MySpace y Twitter hay todavía mayor aceleración es nuestras
vidas al proveernos mensajes instantáneos a toda hora definiendo una nueva
manera de contactarnos y relacionarnos igualmente superficial.
En Facebook, con sus 900 millones
de usuarios registrados, un sólo
clic ahorra la tarea de teclear nuestra opinión y tanto aprueba fotos como
adhiere a pronunciamientos o se solidariza con una causa. La vida virtual
“avanza” sobre la vida real. El peso de Facebook es proporcional al grado de
intimidad que revelamos con nuestras conexiones.
Según Andrés Bacigalupo en su
artículo “Facebook: anatomía crítica de
un “me gusta”, http://www.elpuercoespin.com.ar/2013/10/07/facebook-anatomia-critica-de-un-gusta-por-andres-bacigalupo/
“Para los analistas de marketing
se trata de un nuevo tesoro. Los innumerables me gusta que un usuario otorga a
marcas, personajes y lo que sea que en Facebook se constituya como “página”,
permiten trazar un perfil de consumidor notablemente detallado. En la era
digital, uno es aquello que le gusta”. Pero objeta que “Lo que se ha olvidado
en el camino es el perdido botón de “no me gusta”, una idea que nunca se
concretó. Una lástima”.
Y Eduardo Febbro, en su artículo “La Red Fundada Por
Zuckerberg, Facebook, un Autentico Servicio de Inteligencia”, sostiene que “Facebook y Google se
apoyan en casi el mismo modelo económico: cuanto más se sabe sobre los gustos e
inclinaciones de los usuarios, más dinero se puede hacer con esos datos sin que
el utilizador haya dado su acuerdo. Es en este contexto que la asociación
Internet sin Fronteras propone la creación de un e-sindicato con la meta de
defender los derechos de los usuarios de Facebook y otros mastodontes numéricos
que espían cada uno de nuestros clicks para convertirlos en oro”. http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-195019-2012-05-27.html
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